Diarreas mentales de un pendejo electrónico
-¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
-No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida.
-Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía:
desque los tuvo labrados
el rey le quitó la vida
porque no labre otros tales
al rey de Andalucía.
El otro es Torres Bermejas,
castillo de gran valía;
el otro Generalife,
huerta que par no tenía.
Allí hablara el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;
dárete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.
·


En fin, que prefiero pagar a los niños una tarde en el Indiana Bill, que sale mucho más barato, están mucho más tiempo y se lo pasan mucho mejor. Y luego los feriantes se quejan de la crisis del sector…


Mauricita, la gamba
Yo protejo a todas las especies. A todas. Pero donde estén los anfibios anuros -¡los anfibios anuros!- que se quite lo demás. Y la carcamusa. y la filoxera, la filoxera gambrinus, claro. Porque es verdad, a los animalitos se les llega a coger un cariño tal, que puede llegar incluso hasta la pubertad.
Recuerdo que hace años me regalaron por Nochebuena un crustáceo malcostráceo del orden de los decápodos, que, como es sabido. son familia de los pénidos, que vienen a ser como el Parapeneus longuirrostrus. O sea, para que lo entiendan mejor, una gamba. Me regalaron una gamba. Una gamba viva. Y dijimos: "Bueno, la guardaremos para la cena de Nochevieja". Pero aquella gamba era de cariñosa…
Miren, dormía a los pies de mi cama. A la hora de la comida, se subía a la mesa y comía con nosotros. En fin, ¡era uno más de la familia! Mauricita le pusimos de nombre, porque se parecía mucho a Chevalier. Y Mauricita venía con nosotros al teatro, a todos los estrenos. Nosotros le decíamos: "Mauricita, trae el periódico". Y Mauricita iba al quiosco, lo traía y te lo leía. ¡Era la alegría de la casa! ¡La alegría de la casa! Y honesta, ¡puaff!, honesta como pocas gambas y miren que yo he conocido gambas. Salía a pasear con las amigas y, claro, los chicos la chicoleaban y ella se ponía colorada, colorada… que parecía que estaba recién cocida. Pero antes de que cerraran el portal, a las diez menos cinco ya estaba en casa.
Hablar no hablaba mucho. No. Pero con la mirada te lo decía todo, todo… Decía yo a mi esposa: "Amparo. me voy con la gamba a tomarme una cerveza". O "me voy a tomar una cerveza con la gamba". Era una cosa… Y lo que pasa; llegó la Nochevieja, y a ver quién era el guapo que mataba al pobre animalito.
Bueno, total que la gamba fue creciendo y creciendo se hizo una real gamba, conoció a un langostino de Vinaroz de buena posición se casaron y tuvieron más de quince mil quisquillas, que, por cierto dos de ellas se metieron monjas Y los chicos, los varones, se educaron en los padres Langostinos de El Escorial. ¡Santos varones!
Y todo esto me trae a la mente que tengo algunos textos de estos por ahí, que iremos poniendo poco a poco para no saturar ![]()

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía"!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

Cuentan que en cierto país había un hotel que tenía cien habitaciones y otros tantos empleados. Estos, un día que no tenían mucho trabajo, se dedicaron a jugar abriendo y cerrando las puertas de las habitaciones.
Al principio todas las puertas estaban cerradas y empezó el primer empleado abriéndolas todas, seguido del segundo que cerró las puertas de las habitaciones pares y después el tercero cambiando de posición (abriendo si estaban cerradas o cerrando si estaban abiertas) todas las puertas de las habitaciones que eran múltiplos de tres.
El cuarto iba haciendo lo mismo, es decir, cambiando de posición todas las puertas de las habitaciones que eran múltiplos de cuatro y así fueron pasando uno tras otro los cien empleados del hotel, cada uno de ellos cambiando las puertas que les correspondían.
¿Qué habitaciones quedaron finalmente con la puerta abierta? ¿Cuántas fueron en total y por qué? ¿Qué relación hay entre ellas?
La solución la encontraréis en la página creada a tal efecto: Las puertas del hotel
Si a alguno os gustan estas cosillas no tenéis más que pasaros por allí de vez en cuando.

La Siringa del Afilador
Enhiesto el sol
recuerda al héroe de Lepantoaquél que encuentra su piel
bajo las torres del encierropero también alumbra
los labios de estos suelos
y su increíble poema de distanciassu gesta olvidada…
sus voces huecas
su dolor sobre la calleEl grito de la siringa que denuncia
el afilador boca en mano trashumanteLas razones de un arte
para que tu carne pierda el desamparo
de aquellos años de sedA veces
un tajo a tiempo
nos descubre otra realidadSergio Parvas
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Personajes de la ciudad
Sergio Parvas

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"El día de Navidad siempre cae en 25″
Cuando la escuché no pude evitar decir: Sí, desde hace 2000 años. Por si alguien no había caído en la cuenta ![]()
La frase la dijo Jose Manuel, compañero de trabajo, que de vez en cuando tiene unas salidas fantásticas.

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Las vacaciones consisten en no tener nada que hacer y tener todo el día para hacerlo. (Robert Orben)

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