Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Políticamente, por supuesto. Que nadie se me asuste, que no me he vuelto un asesino.
Quien sí es una asesina es esta mujer, una asesina del lenguaje, patrimonio de la Humanidad, que algunos políticos, en sus ansias de manipularlo a su antojo por favorecer a ciertos colectivos, llevan el absurdo más allá de la estupidez. Por eso hago esta petición basada en las palabras de un gran político, del tiempo de cuando la política era otra cosa, no ese refugio de estúpidos e ignorantes que es ahora:
La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces.
Winston Churchill
¿Por qué en este país nadie muere políticamente? ¿Cómo se puede ser tan patán (o patana)? ¿Por qué nadie asesina políticamente a esta mujer? ¿Cómo se puede consentir que una mujer pública (por aquello de pertenecer a los poderes públicos, no por otro de sus significados) diga semejantes gilipolleces y se quede tan tranquila y, además, satisfecha consigo misma creyendo que ha sido lo justo y correcto?
¡Ah, que no sabéis a quién me refiero! Sí, hombre, sí… que esta gilipollez seguro que la habéis escuchado por ahí y si no, ahora la escucharéis:
Con esto de tener tan poco tiempo se me van acumulando las cosas que me gustaría poner en el blog. Algunas de ellas quedan tapadas por otras que aparecen a diario, quedando ocultas, enterradas, quizá para siempre. Porque llega un momento en el que, o no recuerdo lo que quería poner o no recuerdo dónde tengo la información para poner.
Así que, para evitar que eso me ocurra en este caso, voy a poner ahora mismo las fotos de unos bichos que me envió el otro día mi cuñada Marisa al correo. Creo que merecen un lugar aquí. Gracias, cuñada ![]()
Las fotos están hechas en Praves (1 - 2), una aldea de Cantabria, donde tiene una casa de la que ya puse unas fotos en su día ![]()

Bueno, creo que ya va siendo hora de retomar un poco este rincón, que tengo mucho material acumulado. Ya me he descolgado bastante del tema de los juegos online y, aunque el tiempo sigue siendo muy escaso, algo de tiempo tendremos para ir actualizando ![]()
Voy a empezar con algo que he estado buscando mucho tiempo y que me encontré el otro día por casualidad. Esta historia la leí hace mucho tiempo y siempre me he acordado de ella, pero nunca recordé dónde la leí. En Internet hay algunas variaciones sobre ella, pero ninguna me convencía. Hasta el otro día que, releyendo uno de mis clásicos, 1280 almas de Jim Thompson, la encontré.
—Estoy mirando un par de perros que hay ahí fuera —dije—Me han hecho recordar algo que oí una vez. ¿No lo has oído nunca, Buck? ¿O sea, por que los perros andan siempre olisqueándose el culo mutuamente?
Buck dijo que no lo había oído.
—Tampoco puedo decirte que tenga mucho interés en oírlo; lo digo por si piensas contármelo.
Le dije que, bueno, según el cuento, todos los perros del mundo sostuvieron un conciliábulo al principio de los tiempos para establecer una norma de conducta, por ejemplo que no estaría bien que se pegasen bocados en los cojones y cosas así. Y había un perro que tenía un manual de urbanidad que había conseguido no sé dónde, quizá en el mismo sitio donde Caín consiguió a su mujer. De modo que automáticamente se convirtió en presidente y lo primero que hizo fue nombrar comité del culo a todos los reunidos. Compañeros —dijo—, chuchos de la sala. No quiero pisar la pata de ningún perro honorable, de manera que diré lo que sigue. Cuando volvamos a entrar en las habitaciones llenas de humo para organizarnos políticamente, estoy seguro de que no querremos otro olor que el del humo, así que pienso que lo mejor será que amontonemos nuestros ojetes en el exterior; y si alguien quiere presentar una moción al respecto, la secundaré con mucho gusto. Bueno, pareció a todos una idea tan excelente, que todos y cada uno de los perros de la convención se levantaron para presentar la moción, así que el presidente la juzgo aprobada por unanimidad y hubo una breve demora mientras todos los perros salían a amontonar sus ojetes. Luego volvieron a entrar para encarar sus asuntos. Y que me cuelguen si no estalló una tormenta de mil diablos y tan violenta, que se llevó y esparció los ojetes por todas partes, confundiéndolos tanto que ningún perro pudo encontrar el suyo. Por eso siguen todavía hoy olisqueando culos y es probable que sigan haciéndolo hasta el fin de los tiempos. Porque un perro que ha perdido el culo no puede ser feliz, aunque todos los culos se parezcan bastante y el que tiene funcione a la perfección.
—Lo que quiero decirte, Buck —dije—, es que te contentes con tu propio culo y dejes en paz el de Ken. A pesar de todo lo que sabes, puede que él coma algo peor que mierda, y acaso yo también lo haga, y tú serás mucho mas feliz quedándote donde estás.
Ya nos iremos viendo.
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La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto. (George Bernard Shaw)

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