Perdonen que no me levante

Diarreas mentales de un pendejo electrónico

26/10/2008

Plaza de la Muralla Liberal

escrito por @ 22:35. Archivado en Paseando a Miss Daisy
  
Esta entrada es la 1 de 1 de la serie Castellón paso a paso

Poco antes de irme a París, tan poco que no tuve tiempo de organizar un poco tanta información como hay, me encontré "París: un recorrido diferente" la web de caol. En ella, caol nos muestra ese París que no se ve cuando vamos con las prisas típicas del turista típico haciendo el típico recorrido organizado por la típica agencia de viajes. Nos muestra ese París que se ve cuando vas andando tranquilamente, sin prisas, saboreando visualmente todo aquello que ves.
 
A pesar de que no pude ver la más mínima parte de lo que llevé imprimido o impreso (táchese lo que menos guste) de sus páginas, sí conseguí algo que no esperaba: ver la ciudad de otro modo. Pero no solo eso, sino que aprendí a ver de otro modo mi propia ciudad. Ahora me resulta curioso cuando me descubro, por ejemplo parado en un semáforo en rojo, mirando los edificios hacia arriba, buscando algo que no haya visto antes.
 

De Plaza de la Muralla Liberal

Y me he hecho el ánimo. Ni la más remota intención de parecerme en lo más mínimo en el trabajo que hace caol con su ciudad, pues ni tengo tiempo ni ánimo para buscar tanta información como ella ofrece de cada uno de los rincones que muestra.

De Plaza de la Muralla Liberal

Pero cuando tenga tiempo, que tampoco será el ritmo que lleva ella, también me gustaría mostrar algunos rincones de mi ciudad, Castellón de la Plana, con unos breves comentarios de aquello que conozca del lugar, siempre abierto a correcciones si alguien sabe que estoy equivocado, y algunos enlaces si encuentro. Tanto me ha gustado el modo de ver una ciudad que voy a copiarme la idea, si ella no se opone ;)
 
Y voy a empezar con un lugar cercano a mi casa: la Plaza de la Muralla Liberal.
 
Pues la verdad es que no recuerdo muy bien cómo apareció este trozo de muralla, creo que fue a raíz de las obras para construir algún edificio de viviendas y, dado su valor histórico y cultural, decidieron construir la plaza alrededor de la muralla. La plaza se encuentra situada tras el edificio de la Subdelegación de Gobierno, muy cerca de la Plaza María Agustina, que ya comentaré otro día.
 
La muralla se construyó durante las Guerras Carlistas por los liberales que apoyaban a Isabel II contra el pretendiente al trono con el nombre de Carlos V. Apenas queda nada de esa muralla y lo poco que queda lo estropean visualmente rodeado de mesas y sillas de los bares cercanos. En una placa junto a ella podemos leer:
 

En septiembre de 1833 estalla la Primera Guerra Carlista, al conocerse la muerte del rey Fernando VII, fracasados los intentos de los simpatizantes del pretendiente al trono don Carlos de apoderarse de las ciudades más importantes del país.
 
Para defenderse de las amenazas de las tropas carlistas, al ayuntamiento de Castellón, gobernado por los liberales partidarios de Isabel II, acuerda en enero de 1837 iniciar la construcción de una nueva muralla, sin ningún nexo de unión con la medieval, con muros inclinados de mampostería culminados con almenas y protegidos por fosos, y con baterías en las principales puertas de la ciudad.
 
Encerrando toda la villa y sus zonas periféricas, el extenso perímetro de la muralla discurría por el oeste de las actuales Rondas Magdalena y Mijares, calle Guitarrista Tárrega, parte baja de la calle Gobernador, calle Sanahuja hasta el portal de San Roque, y de nuevo hasta la Ronda Magdalena.
 
Terminada la guerra en 1840, la muralla es parcialmente derribada nueve años más tarde, para ser reconstruida y reformada entre 1873 y 1874, a raíz de la Tercera Guerra Carlista.
 
Las murallas fueron desmoronándose paulatinamente y cegándose su foso, hasta el punto que en la última década del siglo XIX sólo quedaban algunos sectores aislados de la estructura defensiva.
 
Por resolución de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura de 12 de diciembre de 1994, los restos de las murallas de las guerras carlistas de Castellón de la Plana se inscribieron en el Registro General de Bienes de Interés Cultural con la categoría de monumento.
 
Los restos que hoy podemos observar integrados en esta plaza corresponden a dos pequeños tramos de la muralla y a la denominada Batería del Gas que aquí se ubicaba. Junto a ellos, y rodeando el laurel que representa el árbol de la libertad, se reproduce la inscripción "TRIOMFÀ DELS ENEMICS DE LA LLIBERTAD", que figuraba en el escudo liberal de la ciudad.

 
Enlace:
CastillosNet
 
Álbum de fotos:

Plaza de la Muralla Liberal

 


Ver mapa más grande




23/10/2008

El mar invisible

escrito por @ 17:07. Archivado en Historias para no dormir
  

He terminado de leer "El mar invisible", de Juan Cobos Wilkins y hay una par de cosas que me han gustado, aparte de un pasaje que ya puse en el enlace anterior. Uno de ellos es una pequeña historia sobre un rico mercader y una mendiga y la otra es una reflexión acerca de la autorrepresión que se impone un homosexual acerca de su condición y su decisión de, como llamamos hoy en día, "salir del armario". Tanto la pequeña historia como el pasaje me han gustado mucho, por eso quiero compartirlo aquí, además de recomendar el libro, que me ha gustado mucho su historia humana y me ha gustado su au autor como escritor.
 

-Con su larga caravana de camellos, un mercader llega a una antiquísima y remota ciudad en busca de especias, de telas, de perfumes. A las puertas, no lejos de un torreón de piedra por entre cuyas rendijas entran y salen raros pájaros y zurean palomas mensajeras, allí, junto a esa muralla, una mujer alarga su brazo huesudo hacia el viajero y abre la mano solicitando limosna. El mercader toma de la faltriquera una moneda y la deposita en la palma de la pedigüeña. Pero, ante su sorpresa, la anciana dice:
 
 -Señor, si en verdad queréis socorrerme no es una moneda lo que necesito, sino dos. Sois sin duda un hombre caritativo y bondadoso, a vuestra generosidad apelo, tened a bien darme otra moneda.
 
 Quedó muy extrañado el mercader, se acarició la barba y examinó aquellos ojos tratando de adivinar algo, mas nada halló que le hablase de usura o avaricia. La mendiga continuaba con la mano extendida y la solitaria moneda en ella. Sin mediar palabra, volvió el comerciante a hurgar en su bolsa y, dadivoso, dejó caer no una, sino dos monedas. Pero he aquí que ahora su asombro fue aún mayor, pues la anciana volvió a hablar para decirle: "Gracias, no erré al juzgaros generoso, aunque no es lo que necesito". Esta vez, algo molesto, la inquirió: "¿Qué sucede, mujer, todavía quieres más?". "No, mi señor, al contrario, me sobra una." La perplejidad del caballero crecía como crecen las ubres de la cabra para amamantar a sus crías. ¿Cómo?, ¿de modo que aquella vieja loca que mendigaba a las puertas de la ciudad amurallada primero solicitaba una moneda, luego otra más, y después rechazaba la propina? No lo entendía.
 
 -Señor, debéis saber que una resultaba insuficiente y de tres me sobraba una, pues me basta con dos.
 
 Tales fueron las misteriosas palabras con las que fue devuelta la tercera moneda. Y dicho esto, se alejó sin dar tiempo a que el confundido mercader pudiese obtener mejor explicación. Por un instante tuvo la intención de seguirla, pero se aceleraba ya el crepúsculo, caía rápida la noche sobre la ciudad desconocida y sin más demora debía buscar aposento. La caravana cruzó la gran puerta y adentrose por laberínticas callejuelas mientras el cielo se encendía de estrellas. Durante los días que duró su estancia en aquella ciudad combatida por tormentas de arena no dejó de reinar en lo acaecido. La imagen de la mendiga con el brazo implorante y la mano abierta, y sobre todo, sus palabras, tan enigmáticas, volvían una y otra vez a su memoria. No cesaba de preguntarse: "Por qué no una ni tres?, ¿por qué exactamente dos?".
 
 Cuando ya vasijas y cofres y arcas reventaban de exquisitos perfumes, de especias aromáticas y exóticas, de delicadas telas ricamente bordadas, y con su séquito se disponía a partir, el mercader, al cruzar la puerta que antes fue de entrada y ahora de salida, buscó a la anciana. No tardó en encontrarla.
 
 -Mujer -le instó-, revélame el secreto de las dos monedas.
 
 -Misterio no hay ninguno, señor -respondió con su sonrisa mellada.
 
 -Dime, pues. Te escucho.
 
 -Es sencillo. La primera moneda, para una hogaza. La segunda, para comprar rosas y, en ellas, encontrar un motivo por el que comer el pan, un motivo para no dejarme morir.

 

[…]No deseaba más mentiras en mi vida, no más engaños. La piel reprimida deviene, antes o después, en pudrición del espíritu. A la represión no iba a sumarle algo todavía peor, algo que fermenta dentro la amargura y es una lepra que va avanzando hasta conseguir apartarte, segregarte: la autorrepresión. Ésa es la victoria de los inquisidores. Su llave maestra para el sometimiento, para la vergüenza, para la infelicidad: autorrepresión. Un mal invisible.
 
 El Jara me escuchaba mordiéndose una uña. Fruncido el ceño.
 
 -Cuántas veces había tenido que disimular ante frases que me herían, me insultaban, cuántas que fingir ante comentarios que me mortificaron. También yo había sido cómplice y culpable. Sobre todo, lo fui contra mí mismo. Siendo un niño, en el pueblo de al lado, sorprendieron a dos hombres juntos, uno era un chaval, un chico muy joven; el otro, un agricultor casado y con hijos. Les raparon, les colgaron del cuello unos carteles escritos con pintura roja: "Semos mariquitas", así, con falta de ortografía incluida, y vejados, seguidos por una nube de niños y zagalones que les tiraban boñigas y los insultaban, fueron paseados por las calles, conducidos a las casas de sus familias, de sus padres, de la mujer y los hijos… No, Damián, no más vergüenza, no más represión, ¿cómo voy a rechazar el cuerpo en el que vivo, cómo no voy a amarlo? No más infelicidad. No más males invisibles. […]




22/10/2008

Radio en directo

escrito por @ 22:31. Archivado en La vida de Brian
  

Me voy a dormir, que mañana me espera un buen madrugón y una maratoniana sesión de butaca:
 




16/10/2008

Reservado el derecho de admisión

escrito por @ 21:56. Archivado en Los 10 mandamientos
  

Si no me equivoco, el derecho de admisión es el derecho que tiene el dueño de un local público a prohibir la entrada a quien considere oportuno, que para eso es suyo.
 
Ayer me encontré a mi sobrino Iván y me contó que, en el viaje que hizo con su familia a Italia, en Roma, a su hermana no la dejaron entrar en una iglesia. El motivo: se le veían las rodillas. Parece ser que por allí está prohibido entrar en las iglesias si se te ven las rodillas o los hombros.
 
¿A quién pertenecen las iglesias? ¿Las iglesias son de la Iglesia o pertenecen al patrimonio artístico y cultural de la humanidad? Si son de la humanidad, y por lo tanto me pertenecen mientras pague mis impuestos, ¿qué derecho tiene la Iglesia a prohibirme la entrada? Y si son una propiedad privada que pertenece a la Iglesia, ¿por qué hay parte de los impuestos destinados a ellas y con qué cara la Iglesia pide a los ciudadanos que ayuden a su mantenimiento con toda la pasta que tienen? ¿Es que no quieren gastarla o es solo para los gastos del Papa y el Vaticano?
A mí me parece estupendo que pongan unas normas de decoro en todas partes, es lo lógico, tanto en lugares públicos como privados, tanto del Estado como de particulares. Pero esas normas, ¿han de ser del siglo XXI, que es el que estamos viviendo, o han de ser del siglo XIII, cuando la piel tenía que ir tapada? Me parece una absoluta estupidez prohibir la entrada a un lugar, por muy iglesia que sea, porque se te ven las rodillas o los hombros. ¿Cómo te pueden prohibir la entrada a estas alturas de la vida? ¿Tan retrógrada sigue siendo la Iglesia que impone esas normas de siglos pasados? Y luego se quejan de que están perdiendo fieles a marchas forzadas. Y luego hablamos de los musulmanes y el burka




9/10/2008

Contra la tos

escrito por @ 10:57. Archivado en La vida de Brian
  

El domingo pasado fuimos a felicitar a nuestra amiga Txaro por su cumpleaños. Allí estaban sus padres y su madre comentó una infusión que se tomaba antes para la tos y los resfriados. Mi mujer llevaba arrastrando desde antes de irnos a París un catarro con una tos persistente, así que le hice la infusión y parece que funciona estupendamente.

Buscando por Internet me encontré con que es un remedio conocido: INFUSIÓN CONTRA LA TOS




5/10/2008

Impresiones

escrito por @ 15:45. Archivado en La vida de Brian
  
Esta entrada es la 3 de 3 de la serie París 2008

Primeras impresiones:
 
Lluvia al salir del aeropuerto. Trayecto en furgoneta de 9 plazas. Puentes, muchos puentes, puentes sobre calles, puentes sobre el Sena, el Sena varias veces.
Tonos ocre, amarillos, rojos, verdes. Muchos jardines, muchas flores, muchos árboles. Árboles en las aceras, plantas en las plazas, flores en todas partes.
Motos, muchas motos. Motos en las aceras, en cada esquina, siempre sobre la acera, siempre scooters, moto cruzando dos pasos de peatones en la Avenue des Termes.
Historia y modernidad. Arco del Triunfo. Bellos edificios. Mucho tráfico.
El chófer contesta el teléfono, habla en árabe.
Saco mi N95 y empiezo a escribir esto. Me enseña el suyo y me pregunta por qué no puede escribir mensajes. Empiezo a mirar. Se detiene en el arcén y le explico lo del texto predictivo.
¡Qué largo desde el aeropuerto!
Motos y más motos, algunas bicis. Mucho tráfico. Bella arquitectura.
 
Segundas impresiones:
 
Negros y chinos*. Negros ciudadanos, chinos turistas. Incontables.
Hace fresco, ¿qué es el sol?, mucha llovizna, pocos paraguas.
Gente con prisa. Comida rápida para llevar. Comen andando.
Mucha gente en el metro. La gente dormita. No se pasan la parada. Algunos leen libros, otros la prensa gratuita, la mayoría mira al infinito.
Papeleras de bolsa.
Merçi Moscú**.


* Como sé que hay mucha gente mal pensada quisiera aclarar que el vocablo "Negro" lo uso como referencia a una de tantas características del ser humano. El que es negro es negro y el que es blanco es blanco. Me parece una soberana estupidez y una cursilería llamar "de color" a las personas de raza negra, y más cuando a ellos mismos les molesta que les llamen "de color" pues admiten con toda naturalidad que son negros, lo mismo que yo admito que soy blanco.
 

Anónimo africano:
 
Cuando nazco, soy negro.
Cuando crezco, soy negro.
Cuando tomo el sol, soy negro.
Cuando me asusto, soy negro.
Cuando tengo frío, soy negro.
Cuando enfermo, soy negro.
Y cuando muera, seguiré negro.
 
En cambio tú, amigo,
cuando naces, eres rosa.
Cuando creces, blanco.
Cuando tomas el sol, te pones rojo.
Cuando tienes frío, azul.
Cuando te asustas, amarillo.
Cuando enfermas, estás verde.
Y cuando mueras, te pondrás gris.
¿Y me llamas a mí "de color"

 
Y por "Chinos" me refiero a todos los orientales que tanto conocemos, pues es muy difícil distinguir chinos de japoneses o coreanos.
** "Merçi Moscú" fue la despedida que dirigió el del restaurante Casa Pepe a unas francesas después de comer. Es un juego de palabras, ya que "Muchas gracias" en francés es "Merçi beaucoup" (que se pronuncia "Mersí bokú").
 
 




4/10/2008

De vuelta a la normalidad

escrito por @ 22:33. Archivado en La vida de Brian
  
Esta entrada es la 2 de 3 de la serie París 2008

Esta mañana en Montmartre, ahora mismo en Castellón. Mucho andado, mucho tiempo de pie, muchas colas, mucho cansancio. Mañana será otro día. Buenas noches.
 
 




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