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Perdonen que no me levante » 2010 » Abril

Perdonen que no me levante

Diarreas mentales de un pendejo electrónico

18/4/2010

Un paso más

escrito por @ 8:29. Archivado en La vida de Brian
  

De Otras cosas

Tras casi 15 meses practicando Tai Chi, durante los cuales he lamentado no haberlo descubierto antes, pues pocas cosas he hecho que me satisfagan tanto, ya he dado un paso más y me he federado. Según me dijo mi maestro (él dice que no es maestro, pues realmente todavía no tiene el título como tal, pero como es quien me enseña a mí me gusta llamarle así), ya no soy un simple practicante de piscina (lugar donde practico), que ahora ya soy algo más, y que ahora él y yo somos compañeros de práctica, lo cual me ha llenado de orgullo en cierto modo, pues me ha hecho sentir por unos minutos como algo más al ponerme a su misma altura.
Bueno, poniendo los pies en la tierra, tampoco es que cambie mucho, solo es un poco de satisfacción personal y una cierta responsabilidad, pues ahora ya hay que tomarlo verdaderamente en serio y, dentro de poco, examinarse para obtener los cinturones de color correspondientes.




13/4/2010

D.E.P.

escrito por @ 23:43. Archivado en La vida de Brian
  

El matrimonio estaba en el salón de su casa, cada uno en un sofá, viendo cómo hacer un pastel de verduras en la sección de cocina de "La mañana de la 1" de TVE. Él estaba empezando a cerrar los ojos, dejándose vencer por un placentero sopor, mientras aguardaba el momento de comer, pues eran sobre las 13:30, disfrutando de la local fiesta de San Vicente Ferrer, que en su lugar de trabajo se celebra el 12 de abril.
De pronto, un fuerte golpe les sobresaltó a ambos. El sonido era muy reconocible, pues es el sonido de la barandilla de su pequeño balcón cuando se la golpea, aunque algo más fuerte de lo normal. Creyendo los dos que una maceta habría caído en su propio balcón salieron y no vieron nada fuera de lo común. Llevado por lo curioso del ruido el marido miró más allá de la barandilla, hacia el exterior, tres pisos más abajo, a la zona hormigonada entre el pequeño jardín y los garajes, y lo que vio le heló la sangre, pues comprendió en una fracción de segundo lo que había pasado. Su mujer se asomó un segundo después que él y fue presa de un pequeño ataque de histeria cuando vio lo sucedido: la vecina que vivía justo encima de ellos, en el cuarto piso, yacía en el suelo, con los ojos cerrados y una plácida expresión en la cara, como quien ha dejado de sufrir, lívida por momentos, con los brazos casi en cruz, una pierna extendida y la otra ligeramente doblada, con la bata abierta y la camiseta subida, mostrando un abultado abdomen que, aunque levemente, se movía todavía. No había sangre ni heridas externas, salvo una rozadura en la pantorrilla izquierda.
Alertado por las voces de su madre y la voz alta de su padre mientras hablaba con los del 112, el adolescente hijo de 17 años acudió a ver qué pasaba, viendo con sus propios ojos la escena. El marido tuvo que decirle a su mujer que entrara en casa, pues sabía que se iría poniendo más y más nerviosa, temiendo que la afectara más de lo debido y mientras detallaba la situación al 112 vio al vecino del primer piso cómo tiraba del brazo de la mujer caída mientras gritaba su nombre, y tuvo que gritarle a su vez que no la moviera, que aún respiraba.
La policía local acudió pasados unos minutos y, poco después, llegó la S.A.M.U. con las sirenas a todo volumen. Comprobaron que la mujer todavía respiraba y le insuflaron algo de aire con una mascarilla, tras lo cual le pusieron alguna clase de producto en los pálidos labios, de los que iban apareciendo pequeñas burbujas.
Entre los de la ambulancia y los policías, con sumo cuidado, subieron a la mujer a la camilla y la entraron en la ambulancia, donde estuvieron unos cuantos minutos, tras los cuales la ambulancia se fue, sin que el hombre que les había llamado se percatara, hasta bastante tiempo después, sin conectar la sirena, y sin responder a las preguntas de otro vecino sobre el estado de la mujer.
El hijo de este vecino, que había llamado al hijo de la mujer nada más saber del accidente, le volvió a llamar al cabo de 1 hora y este le dijo que su madre había muerto, que estaba reventada por dentro.

Inevitablemente, los vecinos elaboramos algunas teorías sobre lo sucedido, descartando enseguida la idea de un accidente, pues la mujer, que además vivía sola, hacía tiempo que iba desmejorando poco a poco y los que habían hablado con ella recientemente decían que algunas veces tenía un comportamiento algo extraño, por lo que se apostó por el suicidio.

Poco después del hecho, ese hombre que posiblemente fuera el primero en ver a la mujer y llamar al 112, subió a la azotea a recoger algo de ropa tendida, un piso por encima del cuarto y se asomó para ver el balcón de la mujer, pues si había estado limpiando los cristales o haciendo algo en el balcón habría quedado algún objeto. Pero lo único que vio fuera de lo común fue una maceta en el medio, fuera de su lugar, con la planta chafada como si la hubieran pisado. A falta de confirmación oficial, eso le hizo pensar que la mujer utilizó la maceta para ayudarse a saltar al vacío.
La mujer, en su caída, no se golpeó contra el balcón del tercer piso, sino contra el balcón del segundo, pues desde la azotea el hombre vio las plantas de este balcón chafadas contra la barandilla, parte de las cuales habían sido arrastradas en la caída. El golpe tuvo que ser tremendo, pues tras la caída en vertical y el golpe en el balcón del segundo piso, la mujer cayó a un par de metros de la vertical, por lo que tuvo que rebotar antes de impactar contra el suelo.

Y para quien se lo pregunte… Sí, ese hombre soy yo, la que casi se pone histérica es mi mujer y el adolescente es mi hijo. La suerte mía fue que mi hija, que hace 11 años este viernes y es muchísimo más impresionable que nosotros, se fue a pasar el largo fin de semana con una amiga y no tuvo que presenciar tan lamentable hecho.

Descansa en paz, María.




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