Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Había una vez un viejo pescador que descansaba a orillas del mar bajo una pequeña sombra. Mientras distendía su mirada hacia un extremo y otro de la playa divisó a lo lejos una persona, y como era lo único que cambiaba su paisaje habitual prestó especial atención en ella. En la medida que esta persona se acercaba notó que era una mujer joven que recogía las estrellas de mar que se hallaban en la orilla y las devolvía al mar. Asombrado y confuso el pescador pensó que era absurdo lo que hacía, y tanto se inquietó que decidió acercarse a dialogar con la joven y convencerla de algún modo que su tarea no tenía sentido y creyó que su experiencia de pescador le serviría de respaldo para el consejo que quería dar.
- ¿Por qué hace eso?
- La marea está baja y deja muchas estrellas lejos del agua, el sol está muy fuerte, las va a secar y se morirán.
- Es usted una joven muy ingenua -le dijo el pescador respetuosamente- permítame decirle que existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar que quedan varadas en la arena y entre las rocas. Discúlpeme si le digo que lo que usted hace no tiene mucho sentido…
La joven miró al pescador con sorpresa e inmediatamente se inclinó y recogió una estrella en su mano, se la mostró al pescador y mientras cuidadosamente la arrojaba de nuevo al mar le dijo con naturalidad y sencillez…
- Para ésta, sí tiene sentido…
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La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y te sale por la mano. (Carmen Conde)

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