Nuestro destino era
San Carlos, al que llegamos tras un viaje nocturno desde el sur hasta casi el norte de la isla. Tras dejarlo atrás unos kilómetros, en pleno monte, llegamos al hotel
Can Talaias, donde nos recibieron
Laetitia y
Cushan, sus propietarios, que estaban cenando.
Laetitia me recuerda mucho a mi cuñada
Marisa, con su peculiar estilo de vestir desenfadado, como si la ropa estuviera comprada en tiendas no habituales, de esas artesanales.

Muy atenta en el trato, es la que lleva la gestión del hotel, habla inglés y un español muy correcto, además del francés con el que le habla a
Oliver, que imagino que será su hijo, un muchachito de 3 años, tímido y silencioso, rubio y de ojos azules, que apenas tuvo tiempo de jugar con mi hija un rato por las mañanas. Con
Cushan apenas tuvimos trato porque lo vimos muy poco, aunque en realidad tuvimos poco trato con los dos debido a la brevedad de nuestra estancia, pero me llamó la atención su carácter muy alegre y risueño.
Subimos a
nuestra habitación, la cual nos dejó maravillados, al igual que el resto del hotel. Pero era de noche y no se apreciaban bien los detalles, así que
bajamos a tomar la cena que nos habían preparado, unos macarrones y una ensalada, muy buenos ambos, y nos retiramos a descansar.
Por la mañana, una vez repuestos del cansancio y a la luz del día, la cosa ya fue distinta. Observamos detenidamente nuestra habitación con salón habilitado como
dormitorio para los muchachos, con su
suelo rústico, la gran cama compuesta por dos colchones de 90 cm, lo que hacía una cama de 180 cm de ancho, con lo que mi mujer y yo nos veíamos en la distancia, las paredes de color naranja con los
interruptores de estilo antiguo, las originales
lamparillas, el
mini-bar, la
chimenea, el
armario de escayola, el precioso y original
cuarto de baño, el
balcón de madera con sus magníficas
vistas a la terraza trasera o el
otro balcón con
vistas a la parte delantera. Desde ambos balcones se divisaba el mar, algo magnífico en un hotel situado en medio del bosque, lejos del pueblo más cercano, donde solo se oye el rumor de la naturaleza.
Dimos una vuelta por las zonas comunes de la casa, el
salón, la original
librería (ninguno de los libros que vi estaba en castellano), la
chimenea, las
escaleras, la
terraza trasera, la
terraza delantera, el
gallinero, la
pocilga, el
vivero de plantas, el
invernadero, la encantadora
piscina (con sus
bichos tomando el baño

),… Todo es magnífico.

Es una gozada disfrutar de un desayuno relajado y silencioso, rodeado de bosque, viendo pasar a lo lejos a un barco con destino desconocido. Un marco incomparable de paz y relax. Un hotel con 6 habitaciones, donde cada cual va a su ritmo, a su aire, en un ambiente que parece que estás en tu propia casa. Este es el problema, que da una envidia sana que alguien posea
semejante casa y lo malo de todo ello es que la estancia es breve, que las horas son escasas y no se puede dejar pasar el tiempo disfrutando del entorno, ya que si quieres
visitar la isla hay que detenerse poco tiempo en cada sitio. En fin, que algún día volveremos con más tiempo y espero que los días den para más.
Galería de fotos |
Can Talaias
Continuará…
Viernes, 27 de Octubre del año 2006 a las 16:43
Miralooo! Pa estas cosas no me invita
Lunes, 30 de Octubre del año 2006 a las 19:35
pues las fotos siguen sin funcionar
Jueves, 2 de Noviembre del año 2006 a las 21:48
Lo siento, Moi, es que no me dio tiempo
Y lo de las fotos, iguual es que me pilló modificando la página, porque va bien, normalmente.