Diarreas mentales de un pendejo electrónico
-¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
-No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida.
-Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía:
desque los tuvo labrados
el rey le quitó la vida
porque no labre otros tales
al rey de Andalucía.
El otro es Torres Bermejas,
castillo de gran valía;
el otro Generalife,
huerta que par no tenía.
Allí hablara el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;
dárete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.
·

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía"!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!

Sobre la nieve se oye resbalar la noche
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban vocesDe una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacíoEn el puerto
Los mástiles están llenos de nidosY el viento
gime entre las alas de los pájarosLAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.Dejé palomas tristes junto al río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.I
Cando vos oio tocar,
campaniñas, campaniñas,
sin querer torno a chorar.Cando de lonxe vos oio
penso que por min chamades
e das entrañas me doio.Dóiome de dór ferida,
que antes tiña vida enteira
e hoxe teño media vida.Sólo media me deixaron
os que de aló me truxeron,
os que de aló me roubaron.Non me roubaron, traidores,
¡ai!, uns amores toliños,
¡ai!, uns toliños amores.Que os amores xa fuxiron,
as soidades viñeron…
De pena me consumiron.II
Aló pola mañanciña
subo enriba dos outeiros
lixeiriña, lixeiriña.Como unha craba lixeira,
para oir das campaniñas
a batalada pirmeira.A pirmeira da alborada,
que me traen os airiños
por me ver máis consolada.Por me ver menos chorosa,
nas súas alas me traen
rebuldeira e queixumbrosa.Queixumbrosa e retembrando
por antre a verde espesura,
por antre o verde arborado.E pola verde pradeira,
por riba da veiga llana,
rebuldeira e rebuldeira.III
Paseniño, paseniño,
vou pola tarde calada
de Bastabales camiño.Camiño do meu contento;
i en tanto o sol non se esconde,
nunha pedriña me sento.E sentada estóu mirando
cómo a lúa vai saíndo,
como o sol se vai deitando.Cál se deita, cál se esconde
mentras tanto corre a lúa
sin saberse para dónde.Para dónde vai tan soia,
sin que ós tristes que a miramos
nin nos fale nin nos oia.Que si oíra e nos falara,
moitas cousas lle dixera,
moitas cousas lle contara.IV
Cada estrela, o seu diamante;
cada nube, branca pruma;
triste a lúa marcha diante.Diante marcha crarexando
veigas, prados, montes, ríos,
donde o día vai faltando.Falta o día, e noite escura
baixa, baixa, pouco a pouco,
per montañas de verdura.De verduras e de follaxe,
salpicada de fontiñas
baixo a sombra do ramaxe.Do ramaxe donde cantan
paxariños piadores,
que ca aurora se levantan.Que ca noite se adormecen
para que canten os grilos
que cas sombras aparecen.V
Corre o vento, o río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.Miña casa, meu abrigo;
vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.Eu me quedo contemprando
as laradas das casiñas
por quen vivo suspirando.Ven a noite…, morre o día,
as campanas tocan lonxe
o tocar da Ave María.Elas tocan para que rece;
eu non rezo, que os saloucos
afogándome parece
que por min tén que rezar.Campanas de bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.
Campanas de Bastabales,
cuando os oigo tocar,
me muero de soledades.I
Cuando os oigo tocar,
campanitas, campanitas,
sin querer vuelvo a llorar.Cuando de lejos os oigo,
pienso que por mí llamáis
y me duelen las entrañas.Me duelo de dolor herida,
que antes tenía vida entera
y ahora tengo media vida.Sólo media me dejaron
los que de allá me trajeron
los que de allá me robaron.No me robaron, traidores,
¡ay!, unos amores locos,
¡ay!, unos locos amores.Que los amores ya huyeron,
las soledades vinieron…
De pena me consumieron.II
Allá por la mañanita
subo a lo alto de los oteros
ligerita, ligerita.Como una cabra ligera,
para oir de las campanas
la campanada primera.La primera de la alborada
que me traen los vientecillos
para verme más consolada.Para verme menos llorosa,
en sus alas me la traen
juguetona y quejumbrosa.Quejumbrosa y tiritando
por entre la verde espesura
por entre el verde arbolado.Y por la verde pradera
sobre la vega llana,
juguetona, juguetona.III
Pasito a paso
voy por la tarde callada
camino de Bastabales.Camino de mi alegría;
y mientras el sol no se esconde
en una piedra me siento.Y sentada estoy mirando
cómo la luna va saliendo,
cómo el sol se va acostando.Ya se acuesta, ya se esconde
mientras tanto corre la luna
sin saberse por dónde.Adónde va tan sola
sin que a los tristes que la miramos
ni nos hable ni nos oiga.Que si oyese y nos hablase,
muchas cosas le diría,
muchas cosas le contaría.IV
Cada estrella, su diamante;
cada nube, blanca pluma;
triste la luna marcha adelante.Delante marcha clareando
vegas, prados, montes, ríos,
donde el día va faltando.Falta el día, y noche oscura
baja, baja poco a poco,
por montañas de verdor.De verdor y de follaje,
salpicando de fuentecillas
bajo la sombra del ramaje.Del ramaje donde cantan
pajarillos piadores
que con la aurora se levantan.Que con la noche se adormecen
para que canten los grillos
que con las sombras aparecen.V
Corre el viento, el río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camino de mi casa.Mi casa, mi abrigo;
se van todos, yo me quedo
sin compañía ni amigo.Yo me quedo contemplando
las llamas del hogar en las casitas
por las que vivo suspirando.Viene la noche…, muere el día,
las campanas tocan lejos,
el toque de Ave María.Ellas tocan para que rece;
yo no rezo que los sollozos
ahogándome parece
que por mí tienen que rezar.Campanas de Bastabales,
cuando os oigo tocar,
me muero de soledades.

Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarambla.
"¡Ay de mi Alhama!"
Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada;
las cartas echó al fuego
y al mensajero matara.
"¡Ay de mi Alhama!"
Descabalga de una mula,
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
"¡Ay de mi Alhama!"
Como en el Alhambra estuvo
al mismo punto mandaba
que se toqen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
"¡Ay de mi Alhama!"
Y que las cajas de guerra
apriesa toquen al arma,
porque los oigan sus muros
los de la Vega y Granada.
"¡Ay de mi Alhama!"
Los moros que el son oyeron
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos
juntado se ha gran batalla.
"¡Ay de mi Alhama!"
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
"¿Para qué nos llamas, rey,
para qué es esta llamada?"
"¡Ay de mi Alhama!"
Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada:
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
"¡Ay de mi Alhama!"
Allí habló un alfaquí
de barba crecida y cana:
"¡Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara!"
"¡Ay de mi Alhama!"
Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
"¡Ay de mi Alhama!"
"Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino
y aquí se pierda Granada."
"¡Ay de mi Alhama!"

Las ropas desceñidas,
desnudas las espaldas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.La vi como la imagen
que en el ensueño pasa,
como un rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba.Mas, ¡ay!, que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
-El umbral de esta puerta
sólo Dios la traspasa.

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.Me perdí luego por la tierra injusta
Como quien busca amigos o ignorados amantes;
Diverso con el mundo,
Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco;
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
Por los viejos placeres prohibidos,
Como los permitidos nauseabundos,
Útiles solamente para el elegante salón susurrado,
En bocas de mentira y palabras de hielo.Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Oigo sus oscuras imprecaciones,
Contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres.
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Pues ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre, su deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?Por ti, mi soledad, los busqué un día;
En ti, mi soledad, los amo ahora.

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

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Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino. (José María Pemán)


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