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Perdonen que no me levante » Historias para no dormir

Perdonen que no me levante

Diarreas mentales de un pendejo electrónico

29/1/2011

¿Sabes quién soy?

escrito por @ 19:11. Archivado en Historias para no dormir
  

Mi compañero Alberto me ha enviado una presentación cojonuda, de las que hace tiempo que no recibía.
 




6/1/2011

Son como las estrellas de mar

escrito por @ 10:54. Archivado en Encuentros en la Tercera Fase, Historias para no dormir
  

Había una vez un viejo pescador que descansaba a orillas del mar bajo una pequeña sombra. Mientras distendía su mirada hacia un extremo y otro de la playa divisó a lo lejos una persona, y como era lo único que cambiaba su paisaje habitual prestó especial atención en ella. En la medida que esta persona se acercaba notó que era una mujer joven que recogía las estrellas de mar que se hallaban en la orilla y las devolvía al mar. Asombrado y confuso el pescador pensó que era absurdo lo que hacía, y tanto se inquietó que decidió acercarse a dialogar con la joven y convencerla de algún modo que su tarea no tenía sentido y creyó que su experiencia de pescador le serviría de respaldo para el consejo que quería dar.
- ¿Por qué hace eso?
- La marea está baja y deja muchas estrellas lejos del agua, el sol está muy fuerte, las va a secar y se morirán.
- Es usted una joven muy ingenua -le dijo el pescador respetuosamente- permítame decirle que existen miles de kilómetros de costa y centenares de miles de estrellas de mar que quedan varadas en la arena y entre las rocas. Discúlpeme si le digo que lo que usted hace no tiene mucho sentido…
La joven miró al pescador con sorpresa e inmediatamente se inclinó y recogió una estrella en su mano, se la mostró al pescador y mientras cuidadosamente la arrojaba de nuevo al mar le dijo con naturalidad y sencillez…
- Para ésta, sí tiene sentido…

Leído en El Macarrón Solidario



31/10/2010

100 consejos para una vida mejor

escrito por @ 10:33. Archivado en Encuentros en la Tercera Fase, Historias para no dormir
  

1. No juzgues la vida de nadie, es el rasgo de mayor mediocridad de una persona. Si alguien quiere dejarlo todo y dar la vuelta al mundo, apóyale; si quiere ser cura, anímalo; y si quiere vivir en el campo alejado del mundanal ruido, también. Es su vida.
2. Sueña y sueña a lo grande, los sueños nos mantienen vivos y tiran de nosotros para delante. La depresión, dicho de manera coloquial, es la ausencia de sueños.
3. No envidies, es una derrota personal, la manifestación más evidente de que no estás satisfecho con tu vida. Encuentra tu camino y la envidia desaparecerá.
4. Practica el humor, es bueno para la salud física y mental, y mejora las relaciones personales.
5. Sé generoso, te sentirás bien: "Lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas" (Jodorowsky).

6. Piensa menos y siente más: los sentimientos son el lenguaje del alma. Escucha lo que te dice el corazón: "Cuando piensas demasiado impides que las cosas sucedan" (Rosario Flores).
7. Aprende a no escuchar, poca gente está preparada mentalmente para entender tus sueños. Te criticarán y no te será fácil abstraerte de las críticas.
8. Practica la ley de la gratitud, es la primera ley del universo. Es difícil que ocurra nada bueno sin ser agradecido. Jean de la Bruyére afirmaba: "Solo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud".
9. Omnia in bonum: todo lo que ocurre es para bien, aunque en un primer momento no lo entiendas. Los puntos se conectan en algún lugar del camino.
10. Practica deporte, y deporte no es sólo ir a correr, a la piscina o al gimnasio, es, sobre todo, estar activo.

11. Lee mucho y de todo (economía, psicología, marketing, filosofía, historia…), amplia muchas perspectivas y aporta muchos ángulos de vista. La creatividad no es más que la unión de informaciones distantes.
12. Sonríe y vencerás: la sonrisa es la forma más barata de mejorar tu apariencia… y como dijo Paco Rabanne, "el mejor atuendo de una modelo".
13. Escucha música: es una gran generadora de estados de ánimo y gracias a ella se trasciende a un estado que predispone a dar lo mejor. "La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo", afirmaba Platón.
14. Ve al cine: una buena película con su guión, con su banda sonora, con sus actores… puede aportar muchos inputs vitales.
15. No vayas demasiado rápido, te será imposible disfrutar de lo que haces. Los sabios suelen pecar de lentos.

16. Vive cada instante: estés donde estés y hagas lo que hagas, disfrútalo con intensidad. Es el eternal now oriental. No tengas tu cabeza en otra parte.
17. Sé versátil, o lo que es lo mismo, saborea de igual manera un bocadillo de jamón sentado en el borde de un río como de una comida en un restaurante de tres estrellas Michelín.
18. Viaja todo lo que puedas: viajar no es ir muy lejos sino moverse con la mente abierta y empaparse de todo lo que se ve. No conozco ningún sitio que no merezca la pena. Y cuando viajes olvídate de la tortilla de patatas.
19. Lo de fuera es lo de dentro: "Aunque nada cambie, si tú cambias, todo cambia" (Álex Rovira). Dicho de otra manera: "Cuando cambiamos la forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian" (Dyer). ¿No te has dado cuenta que el día que estás de mejor ánimo las cosas funcionan mejor?
20. Ten una actitud mental abierta: todo te da pistas y señales hacia dónde debes dirigir tus pasos. No desprecies lo que no entiendes e intenta digerirlo.

21. ¿Cómo encontrar tu camino en la vida? Hazte una pregunta: ¿Qué me hace sentir bien? Por ahí andan los tiros. Donde disfrutas están tus talentos. Entonces, busca la forma de llegar y no te parapetes en las circunstancias para no hacerlo.
22. Huye de los pesimistas, son un auténtico cáncer de la vida, chupan energía a no poder más y te dejan mal cuerpo.
23. Sé curioso: es uno de los rasgos que más distinguen a las personas felices, siempre tienen proyectos por realizar: aprender inglés, a cocinar, ir a algún país…
24. Intenta estar en contacto con la naturaleza: mar, montaña, animales, ríos, plantas… Si interactúas con ella te enseñará muchas cosas y te transmitirá paz.
25. Una vez tomada una decisión, olvídate del resto de alternativas. Saca el máximo partido a la elegida. No intentes optimizar siempre, a veces las cosas salen mejor y otras peor.

26. Reconcíliate con el pasado: sí, es verdad, has hecho cosas mal, has dañado a personas, te equivocaste en ciertos comportamientos… pero también tienes derecho a fallar.
27. El fracaso no existe, sólo la experiencia. Todo suma.
28. Los obstáculos son la forma que tiene la vida de separar entre los que dicen que quieren algo de los que realmente lo quieren; los primeros "desistirán" y los segundos "persistirán". Lo dice el manifiesto Vikingo: ¿Quién sabe lo que los problemas pueden hacer por ti?
29. Se puede aprender de todo y de todos, que no te quepa duda. Es una cuestión de educar tu mirada para descubrir lo positivo de cada situación.
30. No te quejes, seguramente hay gente en situaciones mucho peores que la tuya.

31. Como caigas en el victimismo, la resignación y la negación estás perdido. Son los rasgos que definen a los perdedores.
32. El dinero bien ganado y bien utilizado es maravilloso. No dejes que otros te hagan ver que es algo sucio. Mentira. Con dinero nos vestimos, viajamos, invertimos, hacemos donaciones… El problema no está en el dinero sino en la avaricia del ser humano.
33. Aléjate del concepto de propiedad: mi casa, mi coche, mi terreno… Muchas veces generan cargas y dependencias que te arruinan la vida. Hay gente que no vive por los compromisos financieros que se genera.
34. ¿Te apetece y puedes disfrutar de un velero? Alquílalo y disfrútalo. Si lo compras el resto del tiempo estará atracado generando gastos y preocupaciones sólo para satisfacer un ego frágil. Lo mismo para las casas/chalets y otros bienes materiales.
35. Deja el orgullo en casa, te impide corregir y mejorar. Tu mayor aliado: la humildad. Un "me equivoqué" y un "no sé" son muestras de inteligencia.

36. No intentes aparentar lo que no eres, se nota.
37. Todo tiene energía: personas, cosas, animales… y sólo hay de dos tipos: positiva (que construye) o negativa (que destruye). Busca en todo la primera y aléjate de la segunda. Cuando mejor te sientas, más en sintonía estás con el universo y en un estado más proclive para la expansividad, para crear, para que tus talentos se manifiesten.
38. Desde el derrotismo, el pesimismo, la actitud negativa es imposible construir nada. Cuando no te encuentres bien, actúa como si lo estuvieses. Las cosas positivas suceden a la gente positiva.
39. Acepta el misterio de la vida: no podrás entenderlo ni comprenderlo todo. Las contradicciones y paradojas forman parte de la vida.
40. Perdona: la venganza te deja saciado en el corto plazo pero en el largo te arrepientes. No merece la pena. Bastante cruz tiene ya el que ha cometido un crimen. Lo expresaba magistralmente Martin Seligman: "No puedes hacer daño al culpable no perdonando, pero puedes liberarte perdonándolo".

41. Pide ayuda: no lo podrás hacer tú todo. Cada uno sabemos de lo que sabemos. Rodéate de gente competente. Lo caro casi siempre es barato, no sólo en dinero sino en preocupaciones y tiempo.
42. Si te gusta, escribe de vez en cuando, ayuda a poner en orden ideas y a amueblar la cabeza: "Escribir es conocerse y conocerse es vivir" (José Luis Sanpedro).
43. Mantén el contacto con los niños: son los grandes genios de la vida y te enseñarán muchas cosas: su curiosidad, su sentido lúdico, su gestión del error…
44. Mantén el contacto con los animales: Eduardo Punset explicaba: "La inteligencia emocional la aprendí de los animales". Me lo creo.
45. Cuida tu máquina: tu cuerpo y tu mente. El primero con deporte, nutrición, cuidados…; y el segundo con lecturas, viajes, conversaciones, meditación…

46. Dispara primero y apunta después: "Lo importante no es lo que piensas, dices o planeas, sino lo que haces" (@blpgirl). Está bien planificar pero sin pasarse. El camino enseña muchas cosas.
47. Haz cosas: te arrepentirás más de lo que no hiciste en su día que de los errores que cometiste: "Entre hacer y no hacer elige siempre lo primero, porque si te equivocas al menos tendrás la experiencia" (Jodorowsky).
48. Si te atacan, responde con tranquilidad, no hay nada que desestabilice más.
49. Tú eres mucha gente, no vayas de autosuficiente: eres el sumatorio de un gran cantidad de personas que te hayan ayudado, no sólo materialmente sino emocional o personalmente. De algunas de ellas a lo mejor ni eres consciente de la ayuda que te prestaron.
50. Abre los ojos y los oídos: las oportunidades están en todos los lados y en todas las personas, muchas veces en lo más insospechado. Todo da indicios y pruebas.

51. Si te gustan y puedes, aprende idiomas, te abrirán muchas puertas en lo profesional y en lo personal.
52. Practica la diversidad: aunque te cueste, rodéate de personas con diferentes profesiones (abogados, ingenieros, psicólogos…), culturas (anglosajones, latinos, chinos…) y formas de vida (bohemios, ejecutivos agresivos, artistas…). No intentes comprender, absorbe.
53. Haz cosas sin esperar absolutamente nada a cambio… algunas veces te sorprenderás con lo que ocurre.
54. Relativiza: Cuando te duela algo, date una vuelta por la planta de oncología de un hospital infantil, por una cárcel o por un barrio marginal de drogas. Todas tus penas desaparecerán.
55. Sabiduría no es tener carreras universitarias, ni másters, ni idiomas… sino saber distinguir lo "esencial" de lo "accidental". Hay gente que tiene una "sabiduría callada", del hombre del campo, que ni siquiera ha pisado jamás un aula. Escúchalos.

56. Quien quiere hacer algo busca la forma; quien no quiere busca excusas. Así de claro. Si de verdad quieres un objetivo, lo lograrás.
57. Practica la fórmula KISS: Keep It Simple Stupid. Simplificar es vivir mejor. Hay gente experta en complicarse la vida.
58. Poco + Poco = Mucho. Es increíble lo que se puede lograr si cada uno ponemos de nuestra parte. Lo decía Mandela: "No es difícil cambiar el mundo, lo difícil es cambiarte a ti mismo".
59. Imposible es eso que nadie ha hecho hasta que alguien lo rubrica. Por eso, como dice Silvio Rodríguez, "prefiero hablar de las cosas imposibles porque de lo posible se habla demasiado". Un grupo musical cantaba: "Faltan soñadores y sobran intérpretes de sueños".
60. No te flageles: yo, tú y todos a veces somos unos incoherentes… Pecados del ser humano: "Es fácil creer en algo y no estar a la altura de tus creencias" (House). La mejora personal es un proceso, no un estado.

61. "Cuanto más te entiendas a ti mismo, más entenderás al mundo" (Paulo Coelho). Sobran los comentarios.
62. Sorprender nunca falla: verás como disfruta la gente cuando eres capaz de emocionarla con algo inesperado. La vida es emoción y las sorpresas son emocionantes. No es cuestión de grandes cosas, sino de algo no esperado. Muchas veces es fácil hacer feliz a los demás.
63. Despréndete de los resultados: tenlos en la cabeza pero no te obsesiones con ellos. Visualízalos pero que no te esclavicen. Los resultados no te pertenecen, te llegan.
64. Como tú te sientes, los demás te ven. No es cuestión de lo que eres, sino como te juzgas a ti mismo, de tu autoestima.
65. Si no tienes la autoestima muy elevada, pide a cinco personas de tu máxima confianza que te digan cinco cosas buenas de ti. Verás cómo hay muchos que valoran cosas tuyas.

66. Serenidad: Mucho más importante que lo que te ocurre es cómo lo afrontas. Piensa que todo sucede por algo. No te pelees con la vida, no le eches un pulso… es agotador.
67. Nunca es tarde para encontrar el sentido de la vida. Que lo conseguido hasta el momento no hipoteque tu porvenir. A veces tendrás que dejar de lado tus estudios, tus ascensos, tus amistades… para empezar tu auténtica vida.
68. Sé valiente: es imposible ser feliz de otra manera. El miedo produce muchas frustraciones, sobre todo el miedo al ridículo. Olvídalo. La primera vez duele mucho, menos la segunda, algo la tercera… hasta que desaparece porque te da igual el qué dirán.
69. La gente te respeta tanto como tú te haces respetar. No dejes que te manipulen. Si alguien no te acepta, apártate de él/ella.
70. Hay jaulas que son de oro: no culpes a nadie, la libertad individual siempre existe. Hay ascensos que amargan la vida. Los "cargos" muchas veces son "cargas".

71. No escatimes elogios: son agradables para el que los recibe y te hacen sentir bien. A todo el mundo le gusta escuchar cosas buenas sobre él.
72. Asertividad: cuida el tono en las reprimendas. La gente está dispuesta a mejorar casi siempre pero lo que no soportan es que la humillen. Una crítica bien hecha se agradece como agua de mayo.
73. Si delegas y tienes paciencia para asumir los errores por falta de experiencia en quien has puesto tu confianza, con el tiempo verás qué lejos se puede llegar.
74. Ser amable y educado te abrirá muchas puertas. Una de las cosas que más rechaza la gente es la soberbia y la prepotencia.
75. No dejes la suerte en manos del azar: cuando quieres algo de verdad (no de palabra), todas las piezas del puzzle empiezan a encajar para que ocurra. Ten fe y no abandones. Recuerda lo de los obstáculos.

76. La soledad como refugio está bien; como forma de vida te mata lentamente.
77. Es fácil olvidar los mensajes importantes. Por ello, citas, objetivos, ideas… ponlos en lugares visibles. Ten un visual board, utiliza símbolos que te lo recuerden, utiliza frases de ánimo y positivas…
78. No intentes eliminar los pensamientos negativos sino reemplázalos con otros positivos. No luches contra lo que "no quieres" sino pon el foco en lo que "quieres".
79. Ten paciencia: no se siembra hoy y se recoge mañana. Es ley de vida. Todo llega, pero no desistas. La vida es una cuestión de pegar tiros. Después de haber pegado muchos empiezas a ajustar el disparo mejor.
80. Aprende a decir no: al principio te pueden rechazar, con el paso del tiempo te pone en valor. Si crees que lo que ofreces lo vale, salvo excepciones, no cedas.

81. Uno de los grandes males sociales es la educación que nos uniformiza y nos mete a todos en el mismo saco. Cuidado con lo que aprendes. Educar es ayudar a cada persona a ser ella misma; educar es ayudar a una persona a ser feliz.
82. Comete locuras de vez en cuando: "El que esté libre de pecado… no sabe lo que se pierde" (@fanultra). No vayas dando una imagen exquisita, es mentira. Nadie somos ángeles. Además, errar –incluso intencionadamente- elimina presiones.
83. Pon en práctica tu creatividad: crear es una de las cosas que más satisfacciones proporciona. Crear es dejar tu huella, es la posibilidad de ser tú mismo. La creatividad no es una cosa del trabajo, sino de cualquier ámbito de la vida: en la cocina, preparando un viaje o en una fiesta.
84. Gestiona el cambio: las cosas no son estáticas sino que varían con el tiempo. Sé flexible y adáptate y gestiona las circunstancias, de otro modo lo pasarás mal. La vida es como el clima, es el que es, pero si llueve, toma el paraguas; si hace frío, ponte el abrigo; si tienes calor, enciende el aire acondicionado… Refunfuñar por lo que no es posible cambiar es inmadurez.
85. La honestidad, con uno mismo y con los demás, merece la pena.

86. Lo esencial de cada persona es su singularidad: "Lo que te hace diferente, te hace valioso; lo que hace diferente, te hace único". Recuerda: no hay otro como tú. No existen los repetidos, ¡aprovéchalo!
87. La amistad no es conocerse de muchos años. Amistad es intercambio de intimidades, discreción, respeto, no juzgar… por eso, no abunda.
88. Los mayores enemigos suelen estar cerca: si tu familia, si tus amigos, si tus compañeros no te respetan… mándales a paseo. No te merecen.
89. No exprimas tanto la naranja que amargue el zumo. La avaricia rompe saco. A veces por no renunciar a un poco se pierde todo.
90. Algunas personas te engañarán, otras se aprovecharán de ti. Acéptalo y aprende, pero no lo rumies constantemente en la cabeza, te haces daño a ti mismo.

91. No grites: a una persona que chilla sus razones le abandonan. La tranquilidad de espíritu facilita las relaciones y llegar a acuerdos.
92. Lo que abandonas, te abandona.
93. Si crees en algo y sale mal, continúa: Winners never quit; quitters never win. Los ganadores nunca desisten; los que desisten nunca ganan.
94. La realidad no es más que la manifestación de la conciencia colectiva de la humanidad. Somos lo que en cada momento hemos decidido ser. No protestemos: "Si cada uno barriese delante de su casa qué limpia estaría la ciudad" (Prov. Japonés).
95. Todas las crisis (tulipanes, ferrocarril, puntocom, subprimes…) a lo largo de la historia son iguales, producto de la avaricia. A día de hoy podemos decir que dentro de X años tendremos otra. Lo que cambia son los protagonistas.

96. Vivir es elegir y elegir es rechazar. Cada decisión implica renuncias. No te fijes en lo que dejas sino en lo que ganas con la alternativa elegida.
97. Desaprende. Tenemos demasiada basura en la cabeza, demasiados paradigmas y creencias que nos limitan. Lo decía Goethe: "Ten cuidado con lo que aprendes que no podrás olvidarlo". Empieza a cuestionar y a no creerte lo que te cuentan.
98. Aprende a valorar lo inmaterial. Lo bueno de esta vida es que las cosas realmente importantes no se pueden comprar con dinero por mucho que uno que esté dispuesto a pagar por ellas. No se puede adquirir con el talonario afecto, ni confianza, ni lealtad, ni respeto… eso hay que ganárselo.
99. Lo que nunca falla es ser uno mismo. No negocies con la autenticidad y atrévete a ser quien eres: "No liberes al camello de su joroba puedes estar eliminándolo de ser camello" (Cheterton).
100. "La vida es maravillosa, pero hay que saber maravillarse" (Eduardo Jáuregui).

de Diego Escaño



6/7/2009

Slow Down

escrito por @ 21:28. Archivado en Historias para no dormir
  

El compromiso de Paul Lundberg con la práctica impregna su manera de ver y sentir el mundo y le ha valido el reconocimiento dentro del mundo del Shiatsu. En su momento quiso aportar su experiencia escribiendo El libro del Shiatsu, que ha sido traducido a más de nueve idiomas. “En el aspecto del crecimiento personal todos sufrimos crisis en el camino, nos desarrollamos respetando la tradición, pero no debemos atarnos a ella. A veces tenemos una idea, un propósito y también prisa por conseguirlo, y en muchas ocasiones nos sorprendemos corriendo cuando ni siquiera sabemos andar. Me parece que, en términos personales, en esta sociedad en la que hemos avanzado mucho a nivel tecnológico, somos como niños. Tenemos que conseguir desarrollar nuestra personalidad para ayudar a la evolución de la sociedad en general. Una sociedad que va avanzando como si fuese una máquina es una sociedad muerta, porque su vida depende de la capacidad de crear de sus miembros.

Mis maestros me han transmitido el valor de lo simple. Ahora hay un movimiento bastante extendido en Europa llamado Slow Down: gente que comparte la idea de que existe la necesidad de parar, dejarse fluir, tener fe en la vida y disfrutarla. Lo de no hacer, avanzar despacio, meditar, seguir las leyes de la naturaleza… parece el ideal que muchos buscamos”. Precisamente, Paul Lundberg lleva unos años preparando un libro sobre estas ideas y reconoce que no le están resultando fáciles de expresar. “Todo esto de parar, de no ir tan rápido, nos ayuda a darnos cuenta de lo que es realmente importante para nosotros. Tomar una respiración profunda, volver al presente, dejar el pasado atrás en su sitio y no preocuparnos tanto del futuro. Puede que seamos individuos, pero también somos como pequeñas gotas que forman una gran corriente de agua”.

Artículo completo | DAOYIN QIGONG, EL ARTE DE LO SIMPLE: Entrevista a Paul Lundberg
Daoyin | Tai Chi Chuan, Salud y Longevidad | Daoyin Yangshenggong Italia

Vive el presente sin pensar en el futuro. Saboréalo, disfrútalo, con calma, sin prisas. Vive para ti, no para el tiempo que ha de venir, para las horas, los minutos, los segundos, que se desgranan inexorablemente uno tras otro. Que importa. Sólo importas tú. No te apresures, no pienses en lo que has de conseguir, consíguelo poco a poco, paso a paso, sin atosigarte, sin dejar de respirar. Piensa que lo único que importa es lo que estás viviendo, no lo que has de vivir. ¿El futuro? ¡Ya vendrá! Que espere.

Ya voy para 18 años desde que ingresé en la Volvo, una empresa sueca. Trabajar con ellos es una convivencia muy interesante. Cualquier proyecto aquí demora dos años para concretarse, aunque la idea sea brillante y simple. Es una regla.

Los procesos globalizados causan en nosotros (brasileños, argentinos, peruanos, venezolanos, mexicanos, australianos, asiáticos, etc.) una ansiedad generalizada en la búsqueda de resultados inmediatos. En consecuencia, nuestro sentido de la urgencia no surte efecto dentro de los plazos lentos de los suecos.

Los suecos debaten, debaten, realizan sin número de reuniones, ponderaciones, etc. Y trabajan con un esquema más bien "slowdown". Lo mejor es constatar que, al final, esto acaba siempre dando resultados en el tiempo de ellos (los suecos) ya que conjugando la madurez de la necesidad con la tecnología apropiada, es muy poco lo que se pierde por aquí en Suecia, lo resumo así:

1. Suecia es del tamaño del estado de San Pablo (Brasil).

2. Suecia tiene tan sólo 8’600,000 de habitantes.

3. La ciudad más grande, Estocolmo, tiene apenas 1, 800,000 habitantes.

Compare con ciudades como Sao Paulo o Río de Janeiro, donde existen más de diez millones de habitantes; o Buenos Aires en Argentina, donde casi 10 millones de personas viven permanentemente, o Rosario, Argentina, con tres
millones).

4. Empresas de capital sueco: Volvo, Scania, Ericsson, Electrolux, ABB, Nobel, Biocare, etc. Nada mal, ¿no? Para tener una idea de la importancia de ellas basta mencionar que Volvo es la que fabrica los motores propulsores para los cohetes de la NASA.

Por ahora, menciono especialmente que no conozco un pueblo, como pueblo mismo, que posea más cultura colectiva que los suecos.

Voy a contarles una historia corta, sólo para darles una idea: La primera vez que fui para Suecia, en 1990, uno de mis colegas suecos me recogía del hotel todas las mañanas. Estábamos en el mes de septiembre, algo de frío y nevisca. Llegábamos temprano a la Volvo y él estacionaba el auto muy lejos de la puerta de entrada (son 2000 empleados que van en automóvil a la empresa). El primer día no hice comentario alguno, tampoco el segundo, o el tercero. En los días siguientes, ya con un poco más de confianza, una mañana le pregunté a mi colega: ¿Tienen ustedes lugar fijo para estacionar aquí?, pues noté que llegamos temprano, con el estacionamiento vacío y dejaste el coche al final de todo…" Y él me respondió simplemente: "Es que como llegamos temprano tenemos tiempo para caminar, y quien llega más tarde, ya va a llegar retrasado y es mejor que encuentre lugar más cerca de la puerta. ¿No te parece?"

Imaginen la cara que puse. Y con ello fue suficiente para que yo revisara en profundidad todos mis conceptos anteriores.

En la actualidad, hay un gran movimiento en Europa llamado "Slow Food" La Slow Food International Association (www.slowfood.com), cuyo símbolo es un caracol, tiene su central en Italia (el site en la internet es muy interesante, ¡visítalo!).

Lo que el movimiento Slow Food predica es que las personas deben comer y beber lentamente, dándose tiempo para saborear los alimentos, disfrutando de la preparación, en convivencia con la familia, con los amigos, sin prisa y con calidad. La idea es contraponerse al espíritu del Fast Food y lo que éste representa como estilo de vida.

La sorpresa, por tanto, es que ese movimiento de Slow Food está sirviendo de base para un movimiento más amplio llamado Slow Europe como resaltó la revista Business Week en una de sus últimas ediciones europeas.

La base de todo está en el cuestionamiento de la "prisa" y de la “locura" generada por una forma de globalización, por el deseo de "tener en cantidad" (nivel de vida) en contraposición al de "tener en calidad", "calidad de vida" o calidad del ser".

Según la Business Week, los operarios franceses, aunque trabajen menos; 7 horas (35 horas por semana), son más productivos que sus colegas estadounidenses o británicos. Y los alemanes, que en muchas empresas ya implantaron la semana de 28,8 horas de trabajo, vieron su productividad aumentar en un elogiable 20%. Esa llamada "slow attitude" está llamando la atención hasta de los estadounidenses, discípulos del "fast" (rápido) y del "do it now!" (¡Hágalo ya!).

Por tanto, esa "actitud sin prisa" no significa hacer menos ni tener menor productividad. Significa sí, trabajar y hacer las cosas con " más calidad" y "más productividad", con mayor perfección, con atención a los detalles y con menos estrés. Significa retomar los valores de la familia, de los amigos, del tiempo libre, del placer del buen ocio, y de la vida, en las pequeñas comunidades. Del "aquí" presente y concreto, en
contraposición contra lo "mundial" indefinido y anónimo. Significa retomar los valores esenciales del ser humano, de los pequeños placeres de lo cotidiano, de la simplicidad de vivir y convivir, y hasta de la religión y de la fe. Significa un ambiente de trabajo menos coercitivo, más alegre, más leve y por lo tanto, más productivo, donde los seres humanos realizan, con placer, lo que mejor saben hacer.

Es saludable pensar detenidamente en todo esto. ¿Será posible que los antiguos refranes: "Paso a paso se va lejos" y "La prisa es enemiga de la perfección" merezcan nuevamente nuestra atención en estos tiempos de locura desenfrenada? ¿Acaso no sería útil que las empresas de nuestra comunidad, ciudad, estado o país, empiecen ya a pensar en desarrollar programas serios de "calidad sin prisa" hasta para aumentar la productividad y calidad de los productos y servicios sin necesariamente perder "calidad del ser"?

En la película "Perfume de Mujer" hay una escena inolvidable en la que el ciego (interpretado por Al Pacino) invita a una muchacha a bailar y ella responde: "No puedo, pues mi novio va a llegar en pocos minutos". A lo que el ciego responde: "Pero es que en un momento, se vive una vida", y la saca a bailar un tango. El mejor momento de la película es esta escena de sólo dos o tres minutos.

Muchos viven corriendo detrás del tiempo, pero sólo lo alcanzan cuando mueren, ya sea de un infarto o un accidente en la autopista por correr para llegar a tiempo, o para otros que están tan ansiosos por vivir el futuro que se olvidan de vivir el presente, que es el único tiempo que realmente existe.

Todos en el mundo tenemos tiempo por igual, pues nadie tiene ni más ni menos de 24 horas por día. La diferencia está en el empleo que cada uno hace de su tiempo. Necesitamos saber aprovechar cada momento, porque, como dijo John Lennon, "La vida es aquello que sucede mientras planeamos el futuro".

Felicitaciones por haber conseguido leer este mensaje hasta el final. Hay muchos que lo habrán dejado por la mitad para "no perder tiempo" tan valioso en el mundo contemporáneo.

Fuente | La cultura del Slow Down
Más info | Movimiento slow | Sin prisas, por favor




5/1/2009

Los diez mandamientos indígenas

escrito por @ 10:02. Archivado en Encuentros en la Tercera Fase, Historias para no dormir
  

Estas navidades he ido con mis cuñados al Monte Caramelo, lugar donde vivían hace un porrón de años, cuando sus padres emigraron de las tierras extremeñas de Talaván. Este es un barrio de gente trabajadora que, en aquellos tiempos, fueron construyendo sus casas ilegalmente, de la noche a la mañana, pero que hoy en día tiene el encanto de parecer un pequeño pueblo, en el que todo el mundo se conoce, pero que estás en el mismo Bilbao.
Bueno, el caso es que estuvimos tomando unos vinos con los viejos amigos y en el bar de uno de ellos, que ahora no recuerdo su nombre, vi un pequeño póster con el torso de un indio americano y sus diez mandamientos. Estaba en inglés, así que no entendí nada, pero, como todas las cosas que me interesan, lo he buscado por Internet y esto es lo que he encontrado:
 

Los Diez Mandamientos Indígenas The Ten Indian Commandments
1. Mantente siempre en comunión con el Gran Espíritu.

2. Manifiesta un profundo respeto por tus semejantes.

3. Brinda ayuda y amabilidad donde quiera que ésta se necesite.

4. Sé siempre veraz y honesto.

5. Haz aquello que sepas es lo debido y correcto.

6. Cuida de tu bienestar físico y espiritual.

7. Trata con respeto a la Madre Tierra y todo lo que forma parte de Ella.

8. Asume completa responsabilidad por tus actos.

9. Dedica parte de tus esfuerzos al bien común.

10. Trabaja, unido a otros, en beneficio de la Humanidad.

1. Remain close to the Great Spirit.

2. Show great respect for your fellow beings.

3. Give assistance and kindness wherever needed.

4. Be truthful and honest at all times.

5. Do what you know to be right.

6. Look after the well being of mind and body.

7. Treat the earth and all that dwell there on with respect.

8. Take full responsibility for your actions.

9. Dedicate a share of your efforts to the greater good.

10. Work together for the benefit of all man kind.


 
The Ten Indian Commandments
LA RELEVANCIA DEL MUNDO INDÍGENA EN ESTE TIEMPO CRÍTICO: UNA REFLEXIÓN




31/12/2008

Esas madres perversas y crueles

escrito por @ 18:12. Archivado en El gran dictador, Historias para no dormir
  

No tiene nada que ver con que este domingo sea día de los Inocentes. En absoluto. Ni con los niños degollados, ni con las bromas tradicionales hechas al prójimo incauto. El caso es real como la vida misma –la vida española misma, maticemos– y sale en los periódicos: madre condenada a cuarenta y cinco días de cárcel y a un año de alejamiento de su hijo de diez años, porque hace dos, en el curso de una refriega doméstica, le dio una colleja al enano, con tan mala suerte que éste se dio contra el lavabo y sangró por la nariz. Y claro. En este faro ético de Occidente donde moramos, tan salvaje agresión doméstica no podía quedar sin castigo. El hecho de que hayan pasado dos años desde entonces, y de que el menor fuese un poquito gamberro y desobediente, se negara a hacer los deberes y acabara de tirar a su madre una zapatilla, corriendo a encerrarse a continuación en el cuarto de baño, de donde no quería salir, no fue considerado atenuante por la dura Lex sed Lex. Tampoco se tuvo en cuenta que se trataba de un incidente aislado, y no de malos tratos habituales; ni el hecho obvio de que, en un pueblo pequeño como es el de esa familia, una orden de alejamiento supone que uno de los dos, madre o hijo, debe hacer las maletas y largarse del pueblo.
 
Pero no importa, oigan. Estoy con la juez que entendió el asunto: no hay atenuante que valga. Es más: tengo la certeza moral de que a ustedes, como a mí –siempre de parte de la ley y el orden–, la de esta cruel madre torturadora les parece sentencia justa y ejemplar. Como bien ha argumentado no sé qué asociación de derechos infantiles, «a los niños no se les pega». Y punto. Así de simple. Y menos en estos tiempos, cuando tan fácil es sentarse a dialogar con ellos a cualquier edad y afearles su conducta con argumentos de peso intelectual. A ver qué le habría costado a esa madre pagar a un cerrajero para que abriese la puerta del cuarto de baño y después, mirando muy fijamente a su hijo de diez años a los ojos, decirle: «Hijo mío, ya dijeron Sócrates y San Agustín que a las madres no se les tiran zapatillas. De seguir así, el día de mañana la sociedad te expulsará de su seno. Así que tú mismo. Atente a las consecuencias».
 
En mi opinión, la Justicia se queda corta. Una madre capaz de perder el control de esa manera brutal e inexplicable debería ser castigada con más contundencia. Y no con una pena mayor, como solicitaba la fiscalía –la juez fue clemente, después de todo, quizá por solidaridad de género y génera–, sino con medidas drásticas e implacables. Porque, so pretexto de no haber antecedentes penales ni constancia de malos tratos anteriores, la madre se ha ido de rositas. Asquerosamente impune, o casi. Y si de mí dependiera, esa delincuente sin escrúpulos ni conciencia habría ingresado inmediatamente en prisión para comerse cinco años de talego, por lo menos. O más. Y cuando saliera –aunque procuraría aplicarle la doctrina Parot para impedirlo–, le calzaría una pulsera con Gepeese y una orden de alejamiento, no del hijo y de su pueblo, sino de España. Al puto exilio. Por perra. Y por supuesto, le retiraría la custodia del niño y se lo daría a alguna familia modélica, como por ejemplo a los Albertos. Para que aprenda.
 
Pero no hay mal que por bien no venga, oigan. Todo esto me ha dado una idea. De pequeño me sacudieron las mías y las del pulpo; y va siendo hora, creo, de que los culpables de aquel infierno paguen lo que hicieron. Yo también exijo justicia. Mi padre, sin ir más lejos, me dio una vez cuatro bofetadas que hoy le habrían costado, por lo menos, un destierro a Ceuta. Y mi madre, hasta que tuve edad suficiente para inmovilizarla con hábiles llaves de judo, no vean cómo nos puso con la zapatilla, durante años atroces, a mi hermano y a mí. Guapos, nos puso. Por no hablar de los Maristas, donde el hermano Severiano nos torturaba bestialmente dándonos capones en clase, y donde el Poteras –a quien Dios haya perdonado–, cada vez que le pegábamos fuego a una papelera o escribíamos El Poteras es un cabrón en la pizarra, nos aplicaba la intolerable violencia de endiñarnos con el puntero y la chasca sin respeto por nuestros derechos humanos. Como en Guantánamo. Y así ha salido mi generación, perdida. De trauma en trauma. Por eso va siendo hora de que los culpables rindan cuentas a la Justicia. Memoria histórica para el nene y la nena. Barra libre. Así que voy a pedirle al juez Garzón que abra una causa general que los ponga firmes a todos. Que encierre en la cárcel a los que sigan vivos, que alguno queda –tiembla, Severiano–, y desentierre a los otros para escupir sobre sus huesos. A mi padre, por ejemplo, ya no lo pillan. Lástima. Pero mi madre sigue ahí, tan campante. Sus ochenta y cuatro años no tienen por qué ponerla a salvo de su cruel salvajismo de antaño. En esta España, líder moral de Occidente, lo de la zapatilla no puede quedar impune. O sea. Más vale tarde que nunca.

 
¡¡Chapó!!
 

Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal número 1105, del 28 de diciembre de 2008 al 3 de enero de 2009



23/10/2008

El mar invisible

escrito por @ 17:07. Archivado en Historias para no dormir
  

He terminado de leer "El mar invisible", de Juan Cobos Wilkins y hay una par de cosas que me han gustado, aparte de un pasaje que ya puse en el enlace anterior. Uno de ellos es una pequeña historia sobre un rico mercader y una mendiga y la otra es una reflexión acerca de la autorrepresión que se impone un homosexual acerca de su condición y su decisión de, como llamamos hoy en día, "salir del armario". Tanto la pequeña historia como el pasaje me han gustado mucho, por eso quiero compartirlo aquí, además de recomendar el libro, que me ha gustado mucho su historia humana y me ha gustado su au autor como escritor.
 

-Con su larga caravana de camellos, un mercader llega a una antiquísima y remota ciudad en busca de especias, de telas, de perfumes. A las puertas, no lejos de un torreón de piedra por entre cuyas rendijas entran y salen raros pájaros y zurean palomas mensajeras, allí, junto a esa muralla, una mujer alarga su brazo huesudo hacia el viajero y abre la mano solicitando limosna. El mercader toma de la faltriquera una moneda y la deposita en la palma de la pedigüeña. Pero, ante su sorpresa, la anciana dice:
 
 -Señor, si en verdad queréis socorrerme no es una moneda lo que necesito, sino dos. Sois sin duda un hombre caritativo y bondadoso, a vuestra generosidad apelo, tened a bien darme otra moneda.
 
 Quedó muy extrañado el mercader, se acarició la barba y examinó aquellos ojos tratando de adivinar algo, mas nada halló que le hablase de usura o avaricia. La mendiga continuaba con la mano extendida y la solitaria moneda en ella. Sin mediar palabra, volvió el comerciante a hurgar en su bolsa y, dadivoso, dejó caer no una, sino dos monedas. Pero he aquí que ahora su asombro fue aún mayor, pues la anciana volvió a hablar para decirle: "Gracias, no erré al juzgaros generoso, aunque no es lo que necesito". Esta vez, algo molesto, la inquirió: "¿Qué sucede, mujer, todavía quieres más?". "No, mi señor, al contrario, me sobra una." La perplejidad del caballero crecía como crecen las ubres de la cabra para amamantar a sus crías. ¿Cómo?, ¿de modo que aquella vieja loca que mendigaba a las puertas de la ciudad amurallada primero solicitaba una moneda, luego otra más, y después rechazaba la propina? No lo entendía.
 
 -Señor, debéis saber que una resultaba insuficiente y de tres me sobraba una, pues me basta con dos.
 
 Tales fueron las misteriosas palabras con las que fue devuelta la tercera moneda. Y dicho esto, se alejó sin dar tiempo a que el confundido mercader pudiese obtener mejor explicación. Por un instante tuvo la intención de seguirla, pero se aceleraba ya el crepúsculo, caía rápida la noche sobre la ciudad desconocida y sin más demora debía buscar aposento. La caravana cruzó la gran puerta y adentrose por laberínticas callejuelas mientras el cielo se encendía de estrellas. Durante los días que duró su estancia en aquella ciudad combatida por tormentas de arena no dejó de reinar en lo acaecido. La imagen de la mendiga con el brazo implorante y la mano abierta, y sobre todo, sus palabras, tan enigmáticas, volvían una y otra vez a su memoria. No cesaba de preguntarse: "Por qué no una ni tres?, ¿por qué exactamente dos?".
 
 Cuando ya vasijas y cofres y arcas reventaban de exquisitos perfumes, de especias aromáticas y exóticas, de delicadas telas ricamente bordadas, y con su séquito se disponía a partir, el mercader, al cruzar la puerta que antes fue de entrada y ahora de salida, buscó a la anciana. No tardó en encontrarla.
 
 -Mujer -le instó-, revélame el secreto de las dos monedas.
 
 -Misterio no hay ninguno, señor -respondió con su sonrisa mellada.
 
 -Dime, pues. Te escucho.
 
 -Es sencillo. La primera moneda, para una hogaza. La segunda, para comprar rosas y, en ellas, encontrar un motivo por el que comer el pan, un motivo para no dejarme morir.

 

[…]No deseaba más mentiras en mi vida, no más engaños. La piel reprimida deviene, antes o después, en pudrición del espíritu. A la represión no iba a sumarle algo todavía peor, algo que fermenta dentro la amargura y es una lepra que va avanzando hasta conseguir apartarte, segregarte: la autorrepresión. Ésa es la victoria de los inquisidores. Su llave maestra para el sometimiento, para la vergüenza, para la infelicidad: autorrepresión. Un mal invisible.
 
 El Jara me escuchaba mordiéndose una uña. Fruncido el ceño.
 
 -Cuántas veces había tenido que disimular ante frases que me herían, me insultaban, cuántas que fingir ante comentarios que me mortificaron. También yo había sido cómplice y culpable. Sobre todo, lo fui contra mí mismo. Siendo un niño, en el pueblo de al lado, sorprendieron a dos hombres juntos, uno era un chaval, un chico muy joven; el otro, un agricultor casado y con hijos. Les raparon, les colgaron del cuello unos carteles escritos con pintura roja: "Semos mariquitas", así, con falta de ortografía incluida, y vejados, seguidos por una nube de niños y zagalones que les tiraban boñigas y los insultaban, fueron paseados por las calles, conducidos a las casas de sus familias, de sus padres, de la mujer y los hijos… No, Damián, no más vergüenza, no más represión, ¿cómo voy a rechazar el cuerpo en el que vivo, cómo no voy a amarlo? No más infelicidad. No más males invisibles. […]




24/7/2008

El Cuento de los Peluches Cálidos

escrito por @ 9:36. Archivado en Historias para no dormir
  


El Cuento de los Peluches Cálidos
A Warm Fuzzy Tale
 
Claude Steiner
 
Traducción: M. Rosa Buixaderas.
Corrección: ummo
 
Érase una vez una pareja feliz llamados Tim y Maggie que tenían dos hijos, cuyos nombres eran John y Lucy. Para comprender lo felices que eran, es necesario conocer en la situación en que vivían.
 
En aquellos días, al nacer, todo el mundo recibía una pequeña y suave Bolsa de Peluches Cálidos. Cualquiera podía sacar de su bolsa un Peluche Cálido y dárselo a otra persona. Había una gran demanda de Peluches Cálidos, porque todos los que recibían el regalo, sentían un calorcillo por todo el cuerpo. Los que no conseguían obtener suficientes Peluches Cálidos corrían el peligro de coger una enfermedad que causaba que se les encogiera la espalda e incluso con peligro de muerte.
 
En aquellos días era fácil conseguir Peluches Cálidos. Si alguien deseaba tener uno, solo tenía que decirte: "Quisiera tener un Peluche", y enseguida sacabas de tu bolsa un Peluche tan pequeño como la mano de una niñita. Tan pronto el Peluche veía la luz del día, sonreía y se transformaba en un gran y afelpado Peluche Cálido. Al colocarlo en la espalda, en la cabeza o en el regazo de la persona, se acurrucaba y se derretía encima de la piel, produciendo una sensación de bienestar en todo el cuerpo. Unos a otros se pedían los Peluches y, como eran gratuitos, no había ninguna dificultad en conseguir los suficientes. Al haber muchos, todos eran felices porque la mayor parte del tiempo sentían calor y suavidad.
 
Un día, una bruja mala se enojó mucho al ver que todo el mundo era feliz y nadie le compraba sus pócimas y ungüentos. La bruja, que era muy astuta, imaginó un plan perverso. Una hermosa mañana, mientras Maggie estaba jugando con su hija, la bruja se deslizó junto a Tim y le susurró al oído:
 
"Tim, mira la cantidad de Peluches que Maggie le está dando a Lucy. ¡De continuar así, no le va a quedar ninguno para ti!"
 
Tim quedó sorprendido. Se volvió hacia la bruja y le dijo:
 
"¿Quieres decir que no encontraremos siempre un Peluche en nuestra bolsa cada vez que lo abramos?"
 
Y la bruja contestó:
 
"Así es, tan pronto se acaben, ya no tendrás más."
 
Dicho esto, se marchó volando montada en su escoba, riendo a carcajadas.
 
Tim tomó muy en serio lo que la bruja le había dicho y empezó a fijarse cada vez que Maggie regalaba un Peluche a alguien. En realidad, estaba muy preocupado, porque le gustaban mucho los Peluches de Maggie y no quería quedarse sin ellos. Pensaba que no era justo que Maggie diera todos sus Peluches a los niños o a otras personas. Así es que empezó a quejarse cada vez que veía a Maggie dándolos a otros y, como Maggie le quería mucho, dejó de dar los Peluches a otros y los reservó para él.
 
Los niños vieron lo que estaba pasando y no tardaron en pensar que no estaba bien regalar Peluches Cálidos cada vez que se los pedían o les venía en gana darlos. Ellos también se volvieron conservadores de Peluches. Observaron a sus padres de cerca y, tan pronto vieron que uno de ellos daba demasiados Peluches a otros, empezaron a protestar. A pesar de que cuando los buscaban siempre los encontraban en la bolsa, poco a poco se fueron convirtiendo en unos tacaños. La gente pronto se dio cuenta de la escasez de Peluches y empezó a sentir la falta de calor. Algunas personas empezaron a sufrir de encogimiento de sus espaldas e incluso murieron a causa de la escasez. Cada vez acudía más gente a comprar, a pesar de su ineficacia, las pócimas y los ungüentos de la bruja.
 
El hecho es que la situación iba empeorando. La bruja mala, que observaba todo lo que estaba pasando, en realidad no quería que la gente muriera (puesto que los muertos no compran pócimas ni ungüentos), por lo tanto, imaginó otro plan. A todos les dio una bolsa semejante a la Bolsa de Peluche, salvo que esta era fría en vez de cálida. Dentro de la bolsa de la bruja había Espinosos Fríos. Con estos Espinosos Fríos la gente no se sentía arropada y suave, sino fría y pinchosa. Por otro lado estos Espinosos Fríos mejoraban la enfermedad de la espalda. Por lo tanto, a partir de aquel momento, cuando alguien decía: "Quiero un Peluche Cálido", la gente, preocupada por la escasez, contestaba: "No puedo dártelo pero, ¿quieres un Espinoso Frío?"
 
Algunas personas se reunían con la esperanza de conseguir un Peluche, pero al final acababan intercambiando Espinosos. Como consecuencia de ello, aunque no murieran muchas personas a causa de la escasez, se sentían infelices, frías y llenas de pinchos.
 
Desde que la bruja llegó, la situación se fue complicando, ya que la escasez de Peluches iba en aumento y, aunque habían sido tan gratuitos como el aire, pronto se convirtieron en algo extraordinariamente valioso. Ello fue la causa de que la gente hiciera cualquier cosa para conseguirlos. Antes de que la bruja llegara, la gente solía reunirse en grupos de tres, cuatro o cinco, sin importarle quién daba a quién los Peluches Cálidos. Después de su llegada, las personas formaron parejas y reservaron los Peluches exclusivamente para uno y otro. Las que, olvidándose de si mismas, daban un Peluche a alguien, no tardaron en sentirse culpables porque sabían que su pareja tomaría a mal la falta de un Peluche. Y las que no podían encontrar a un compañero generoso, tenían que trabajar mucho para ganar el dinero que les permitiría comprarlos.
 
Hubo gente que, al hacerse popular, conseguían grandes cantidades de Peluches Cálidos sin tener que devolverlos. Luego los vendían a los que no eran populares para que pudieran sobrevivir.
 
Sucedió también que alguna gente tomaba Espinosos Fríos, que eran abundantes y gratuitos, los cubrían de pelusa blanca y los hacían pasar por Peluches Cálidos. Estas falsificaciones eran, en realidad, Peluches Plásticos que causaron todavía más problemas. Por ejemplo, dos personas se reunían e intercambiaban cantidades de Peluches de Plástico, y se suponía que tenían que estar contentos; sin embargo no era así. Como pensaban que habían intercambiado Peluches Cálidos, les desconcertaba sentirse fríos y pinchosos, ya que no se habían dado cuenta que lo que habían intercambiado eran, en realidad, Peluches de Plástico.
 
Por consiguiente, la situación era catastrófica y todo empezó con la llegada de la bruja, quien hizo creer a todos que el día menos pensado abrirían su Bolsa de Peluches y no encontrarían nada.
 
Pasado un tiempo, llegó a este infeliz lugar una joven mujer de anchas caderas, nacida bajo el signo de Acuario. Al parecer, no sabía nada acerca de la bruja y no le preocupaba quedarse sin Peluches. Los daba gratuitamente, incluso cuando no se los pedían. La llamaban la Mujer de las Caderas y la censuraban por meter en la cabeza de los niños la idea de que si se quedaban sin Peluches no debían preocuparse. Los niños estaban encantados y a gusto con ella, y empezaron a dar Peluches cuando les venía en gana.
 
Los adultos, muy preocupados, decidieron promulgar una ley para proteger a los niños del despilfarro de Peluches Cálidos. Esta ley consideraba que dar Peluches de manera imprudente, sin tener licencia para ello, era un delito penal. No obstante, a muchos niños no pareció importarles y, a pesar de la ley, continuaron dándose Peluches cuando les apetecía hacerlo o cuando se los pedían. Como eran muchos, muchos niños, tantos como los adultos, daba la impresión de que se saldrían con la suya.
 
A partir de ahora no se sabe lo que va a pasar. ¿Podrán los adultos poner coto a la imprudencia de los niños por la fuerza de la ley? ¿Se unirán los adultos a la Mujer de las Caderas y a los niños para correr el riesgo de que haya siempre tantos Peluches como sean necesarios? ¿Recordarán aquellos días, a los que los niños quieren volver, en que los Peluches Cálidos eran abundantes porque todo el mundo los daba gratuitamente?
 
La lucha se desplegó sobre todo el país y probablemente ocurre justo donde tu vives. Si tú quieres, y espero que así sea, tú puedes unirte dando y pidiendo Peluches libremente y siendo lo mas cariñoso y sano posible.
 

 
© 1969 Claude Steiner

Hace pocos días descubrí este cuento y no recuerdo cómo lo encontré. El caso es que he buscado en Internet y hay algunos sitios que lo tienen, pero no se comenta nada acerca de él. Porque no sé exactamente a qué se refiere. Cuando me he puesto a leerlo hubiera jurado que se refería a las descargas de Internet, a la cultura gratis y a la filosofía del compartir del P2P. Pero al llegar al final he visto que fue escrito en 1969, así que es imposible que se refiera a eso. ¿O acaso era premonitorio?
El caso es que el cuento está bien, por eso lo pongo aquí.
 
En fin, si alguien sabe de qué va la cosa…




2/7/2008

El alquimista

escrito por @ 6:53. Archivado en Historias para no dormir
  

Desde siempre me han llamado la atención sus textos que he ido leyendo en revistas y publicaciones, pero nunca me había leído un libro suyo. Así que he empezado por el que creo que es su libro más conocido y he encontrado un par de historias que me han gustado mucho:
 

Un mercader envió a su hijo a aprender el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta llegar a un bello castillo, situado en lo alto de una montaña: allí vivía el sabio que el muchacho estaba buscando.
Pero en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala llena de gente, donde sucedían muchas cosas a la vez: entraban y salían mercaderes, la gente conversaba por los rincones, una pequeña orquesta tocaba suaves melodías y había una mesa con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.
El sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar dos horas a que le llegara el turno de ser atendido.
 
El sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del muchacho, pero dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugirió que se diese un paseo por su palacio y que regresase al cabo de dos horas.
–Sin embargo, deseo pedirte un favor –dijo el sabio, mientras le daba al muchacho una cucharita de té en la que vertió dos gotas de aceite.
"Mientras vas caminando, lleva contigo esta cucharita sin dejar que se derrame el aceite."
El muchacho empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cucharita. Al cabo de las dos horas volvió en presencia del sabio.
–Así pues –preguntó el sabio–, ¿has visto los tapices persas que hay en mi salón? ¿Has visto el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Has reparado en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada: su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.
–Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo –dijo el sabio–. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
 
Ya más tranquilo, el muchacho cogió la cucharita y volvió a pasear por el palacio, esta vez reparando en todas las obras de arte que colgaban del techo y de las paredes.
Vio el jardín del maestro de los jardineros, que armonizaba con las montañas del horizonte. Sintió el perfume de cada flor. Admiró los pergaminos de textos sagrados, creados por el hombre con paciencia y devoción. Observó que, aunque el sabio tuviese tantísimas obras de arte, sabía distribuirlas con equilibrio por toda la casa, de modo que cada una de ellas pudiese recibir la atención del visitante.
De vuelta en presencia del sabio, relató cuidadosamente todo lo que había visto.
Y el sabio le preguntó:
–Pero ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié?
Horrorizado, el muchacho miró la cucharita y se dio cuenta de que las había derramado.
–No te preocupes –dijo el más sabio de todos los sabios–. Tú viniste aquí en busca de un consejo y esto es todo lo que tengo que decirte:
"El secreto de la felicidad está en contemplar todas las maravillas del mundo y no olvidarse nunca, en ningún momento, de las dos gotas de aceite en la cucharita".

 

La caravana comenzó a viajar día y noche. A cada momento aparecían los mensajeros encapuchados, y el camellero que se había hecho amigo del muchacho explicó que la guerra entre los clanes había comenzado. Tendrían mucha suerte si conseguían llegar al oasis.
Los animales estaban agotados y los hombres cada vez más silenciosos. El silencio era más terrible por la noche, cuando un simple relincho de camello -que antes no pasaba de ser un relincho de camello- ahora asustaba a todo el mundo y podía ser una señal de invasión.
El camellero, no obstante, no parecía estar muy impresionado con la amenaza de guerra.
-Estoy vivo -dijo al muchacho mientras comía un plato de dátiles en la noche sin hogueras ni luna-. Mientras estoy comiendo, no hago nada más que comer. Si estuviera caminando, me limitaría a caminar. Si tengo que luchar, será un día tan bueno para morir como cualquier otro.
Porque no vivo ni en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa. Si puedes permanecer siempre en el presente serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, que el cielo tiene estrellas, y que los guerreros luchan porque esto forma parte de la raza humana. La vida será una fiesta, un gran festival, porque ella sólo es el momento que estamos viviendo.

 
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15/11/2007

Queda prohibido

escrito por @ 23:39. Archivado en Historias para no dormir
  

¿ Qué es lo verdaderamente importante?,
 
busco en mi interior la respuesta,
 
y me es tan difícil de encontrar.
 
 
 
Falsas ideas invaden mi mente,
 
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
 
aturdida en un mundo de falsas ilusiones,
 
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
 
la violencia, el odio, la indiferencia,
 
se convierten en adorados héroes.
 
 
 
Me preguntas cómo se puede ser feliz,
 
cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
 
cada cual es quien se tiene que responder,
 
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
 
queda prohibido llorar sin aprender,
 
levantarme un día sin saber qué hacer,
 
tener miedo a mis recuerdos,
 
sentirme sólo alguna vez.
 
 
 
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
 
no luchar por lo que quiero,
 
abandonarlo todo por tener miedo,
 
no convertir en realidad mis sueños.
 
 
 
Queda prohibido no demostrarte mi amor,
 
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
 
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
 
recordarte sólo cuando no te tengo.
 
 
 
Queda prohibido dejar a mis amigos,
 
no intentar comprender lo que vivimos,
 
llamarles sólo cuando les necesito,
 
no ver que también nosotros somos distintos.
 
 
 
Queda prohibido no ser yo ante la gente,
 
fingir ante las personas que no me importan,
 
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
 
olvidar a toda la gente que me quiere.
 
 
 
Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
 
no creer en mi dios y hacer mi destino,
 
tener miedo a la vida y a sus castigos,
 
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
 
 
 
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
 
olvidar los momentos que me hicieron quererte,
 
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
 
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.
 
 
 
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
 
pensar que sus vidas valen más que la mía,
 
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
 
pensar que con su falta el mundo se termina.
 
 
 
Queda prohibido no crear mi historia,
 
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
 
no tener un momento para la gente que me necesita,
 
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

por Alfredo Cuervo Barrero

 
Este poema está atribuido erróneamente a Pablo Neruda y es de justicia que quede bien claro quién es su auténtico autor.
El poema se ha publicado bajo una licencia ColorIURIS.
 
También hay una presentación (o PowerPoint, o PPS) de un extracto del poema, pero esta presentación se hizo pensando que era de Neruda.
 

 
Autor | Alfredo Cuervo Barrero
Vía | CENTRO Y CONTORNO




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