Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Bueno, pues en estos últimos tiempos he estado en algunos sitios en los que he sacado bastantes fotos, fotos que me gustaría compartir, pero de momento me voy a conformar con las últimas, con las de estas navidades.
Como todas las navidades, hemos ido a Bilbao, a casa se mi suegra, a estar con la familia de mi mujer. Del mismo barrio en el que estamos, Uretamendi, saqué unas fotos a un ascensor que han puesto, que evita tener que subir unas cuestas muy pronunciadas y le ha dado media vida a la gente del barrio, sobre todo a los más mayores.
También eché unas fotos desde unas oficinas de la Alameda de Mazarredo, desde las que se aprecia el Guggenheim, la ya famosa Torre Iberdrola que están construyendo y unas vistas a la universidad de Deusto, a la izquierda, y a la Residencia Fundadora Siervas de Jesús de la Caridad, a la derecha.
Rakel, la sobrina mayor de mi mujer, y Mariano, su pareja, nos llevaron a Alsasua, a ver una cabaña construida en un árbol de un bosque cercano, y después nos llevaron al caserío Sarabe, donde compramos unos quesos, de los famosos 'Idiazabal'. De vuelta a Bilbao hicimos un alto en Bakaiku a tomar unos cafés para calentar el cuerpo.
Mis cuñados Antonio y Marisa me llevaron un día a dar de comer a las gallinas que tienen en su casa de Praves, aunque dimos un pequeño rodeo de 245 kilómetros, pasando primero por Crespo, en la provincia de Burgos, después por el espectacular pueblo de Orbaneja del Castillo, también en Burgos, un pueblo precioso que recomiendo ver a todo el que pueda acercarse, luego en San Martín de Elines, ya en Cantabria, y finalmente paramos un momento en el Puerto del Escudo a sacar unas fotos antes de ir a Praves, donde, ya tarde, comimos unos huevos recién cogidos con chorizo y patatas, que hacía siglos que no comía.
La última ruta fotográfica fue un paseo por el Arraiz, un monte cercano a Uretamendi, desde el que hay unas buenas vistas de Bilbao.
Todas las fotos, agrupadas por álbumes, están aquí:
El hombre venía desde la otra acera y, cuando se incorporó a la mía lo hizo tres o cuatro pasos por delante. Vestía de negro, todo de negro; pantalón negro, camisa negra embutida por dentro del pantalón, sujeto por un cinturón marrón, única nota de color sobre tanto negro. Las gafas de sol también eran negras, y la calva le llegaba hasta la cima de la cabeza.
De repente, detuvo sus pasos durante un breve segundo, tiempo que aprovechó para taparse un orificio de la nariz con un dedo mientras expulsaba el aire con fuera por el orificio nasal sin tapar. Algo cayó al suelo. No quise mirar lo que era. No sacó un pañuelo y, desde mi perspectiva, solo le vi mover un poco las manos por la cara. No es difícil imaginar qué hacía con ellas.
Echo a andar de nuevo y, de repente, detuvo de nuevo sus pasos durante un segundo. Yo aminoré la marcha, temeroso de alcanzarle y temiendo lo que se avecinaba. Tapó con un dedo el otro orificio de la nariz mientras expulsaba el aire con fuera por el orificio libre. Ya no quise mirar y no sé si algo cayó esta vez al suelo, aunque por el sonido de la expulsión me temo que sí. Volvió a repetir el movimiento de manos y tampoco sacó ningún pañuelo.
Seguimos andando. Llegamos al semáforo y cruzamos la calle hasta llegar al ambulatorio de mi barrio. Nada más aproximarnos al ambulatorio llegamos a la altura de un hombre que había parado cerca de la puerta, justo en el momento en que ese segundo hombre… llevaba un dedo a uno de sus orificios nasales y expulsaba fuertemente el aire por el otro orificio, tras lo cual, este sí, se limpió con un pañuelo.
¿Una nueva epidemia arrasa la ciudad?

Buscando por Internet me encontré con que es un remedio conocido: INFUSIÓN CONTRA LA TOS
Anónimo africano:
Cuando nazco, soy negro.
Cuando crezco, soy negro.
Cuando tomo el sol, soy negro.
Cuando me asusto, soy negro.
Cuando tengo frío, soy negro.
Cuando enfermo, soy negro.
Y cuando muera, seguiré negro.
En cambio tú, amigo,
cuando naces, eres rosa.
Cuando creces, blanco.
Cuando tomas el sol, te pones rojo.
Cuando tienes frío, azul.
Cuando te asustas, amarillo.
Cuando enfermas, estás verde.
Y cuando mueras, te pondrás gris.
¿Y me llamas a mí "de color"
Y por "Chinos" me refiero a todos los orientales que tanto conocemos, pues es muy difícil distinguir chinos de japoneses o coreanos.
** "Merçi Moscú" fue la despedida que dirigió el del restaurante Casa Pepe a unas francesas después de comer. Es un juego de palabras, ya que "Muchas gracias" en francés es "Merçi beaucoup" (que se pronuncia "Mersí bokú").
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Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien. (El mar invisible) (Juan Cobos Wilkins)

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