Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Realmente, como dice la publicidad sobre Radio 'La Colifata' (web), "el ser humano es extraordinario". Un taiwanés ha ideado un sistema para que los trenes recojan y dejen a los pasajeros en las estaciones sin tener que parar. No sé si es viable, si se pondrá en práctica algún día o si se trata simplemente de una locura. Eso sí, original es un rato. El ser humano es extraordinario.
Desde siempre me han llamado la atención sus textos que he ido leyendo en revistas y publicaciones, pero nunca me había leído un libro suyo. Así que he empezado por el que creo que es su libro más conocido y he encontrado un par de historias que me han gustado mucho:
Un mercader envió a su hijo a aprender el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta llegar a un bello castillo, situado en lo alto de una montaña: allí vivía el sabio que el muchacho estaba buscando.
Pero en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala llena de gente, donde sucedían muchas cosas a la vez: entraban y salían mercaderes, la gente conversaba por los rincones, una pequeña orquesta tocaba suaves melodías y había una mesa con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.
El sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar dos horas a que le llegara el turno de ser atendido.
El sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del muchacho, pero dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le sugirió que se diese un paseo por su palacio y que regresase al cabo de dos horas.
–Sin embargo, deseo pedirte un favor –dijo el sabio, mientras le daba al muchacho una cucharita de té en la que vertió dos gotas de aceite.
"Mientras vas caminando, lleva contigo esta cucharita sin dejar que se derrame el aceite."
El muchacho empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cucharita. Al cabo de las dos horas volvió en presencia del sabio.
–Así pues –preguntó el sabio–, ¿has visto los tapices persas que hay en mi salón? ¿Has visto el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Has reparado en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada: su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.
–Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo –dijo el sabio–. No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el muchacho cogió la cucharita y volvió a pasear por el palacio, esta vez reparando en todas las obras de arte que colgaban del techo y de las paredes.
Vio el jardín del maestro de los jardineros, que armonizaba con las montañas del horizonte. Sintió el perfume de cada flor. Admiró los pergaminos de textos sagrados, creados por el hombre con paciencia y devoción. Observó que, aunque el sabio tuviese tantísimas obras de arte, sabía distribuirlas con equilibrio por toda la casa, de modo que cada una de ellas pudiese recibir la atención del visitante.
De vuelta en presencia del sabio, relató cuidadosamente todo lo que había visto.
Y el sabio le preguntó:
–Pero ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié?
Horrorizado, el muchacho miró la cucharita y se dio cuenta de que las había derramado.
–No te preocupes –dijo el más sabio de todos los sabios–. Tú viniste aquí en busca de un consejo y esto es todo lo que tengo que decirte:
"El secreto de la felicidad está en contemplar todas las maravillas del mundo y no olvidarse nunca, en ningún momento, de las dos gotas de aceite en la cucharita".
La caravana comenzó a viajar día y noche. A cada momento aparecían los mensajeros encapuchados, y el camellero que se había hecho amigo del muchacho explicó que la guerra entre los clanes había comenzado. Tendrían mucha suerte si conseguían llegar al oasis.
Los animales estaban agotados y los hombres cada vez más silenciosos. El silencio era más terrible por la noche, cuando un simple relincho de camello -que antes no pasaba de ser un relincho de camello- ahora asustaba a todo el mundo y podía ser una señal de invasión.
El camellero, no obstante, no parecía estar muy impresionado con la amenaza de guerra.
-Estoy vivo -dijo al muchacho mientras comía un plato de dátiles en la noche sin hogueras ni luna-. Mientras estoy comiendo, no hago nada más que comer. Si estuviera caminando, me limitaría a caminar. Si tengo que luchar, será un día tan bueno para morir como cualquier otro.
Porque no vivo ni en mi pasado ni en mi futuro. Tengo sólo el presente, y eso es lo único que me interesa. Si puedes permanecer siempre en el presente serás un hombre feliz. Percibirás que en el desierto existe vida, que el cielo tiene estrellas, y que los guerreros luchan porque esto forma parte de la raza humana. La vida será una fiesta, un gran festival, porque ella sólo es el momento que estamos viviendo.
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Mi Bloc de notas: Las gotas de aceite o El secreto de la Felicidad | El presente
Políticamente, por supuesto. Que nadie se me asuste, que no me he vuelto un asesino.
Quien sí es una asesina es esta mujer, una asesina del lenguaje, patrimonio de la Humanidad, que algunos políticos, en sus ansias de manipularlo a su antojo por favorecer a ciertos colectivos, llevan el absurdo más allá de la estupidez. Por eso hago esta petición basada en las palabras de un gran político, del tiempo de cuando la política era otra cosa, no ese refugio de estúpidos e ignorantes que es ahora:
La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces.
Winston Churchill
¿Por qué en este país nadie muere políticamente? ¿Cómo se puede ser tan patán (o patana)? ¿Por qué nadie asesina políticamente a esta mujer? ¿Cómo se puede consentir que una mujer pública (por aquello de pertenecer a los poderes públicos, no por otro de sus significados) diga semejantes gilipolleces y se quede tan tranquila y, además, satisfecha consigo misma creyendo que ha sido lo justo y correcto?
¡Ah, que no sabéis a quién me refiero! Sí, hombre, sí… que esta gilipollez seguro que la habéis escuchado por ahí y si no, ahora la escucharéis:
Con esto de tener tan poco tiempo se me van acumulando las cosas que me gustaría poner en el blog. Algunas de ellas quedan tapadas por otras que aparecen a diario, quedando ocultas, enterradas, quizá para siempre. Porque llega un momento en el que, o no recuerdo lo que quería poner o no recuerdo dónde tengo la información para poner.
Así que, para evitar que eso me ocurra en este caso, voy a poner ahora mismo las fotos de unos bichos que me envió el otro día mi cuñada Marisa al correo. Creo que merecen un lugar aquí. Gracias, cuñada ![]()
Las fotos están hechas en Praves (1 - 2), una aldea de Cantabria, donde tiene una casa de la que ya puse unas fotos en su día ![]()

Bueno, creo que ya va siendo hora de retomar un poco este rincón, que tengo mucho material acumulado. Ya me he descolgado bastante del tema de los juegos online y, aunque el tiempo sigue siendo muy escaso, algo de tiempo tendremos para ir actualizando ![]()
Voy a empezar con algo que he estado buscando mucho tiempo y que me encontré el otro día por casualidad. Esta historia la leí hace mucho tiempo y siempre me he acordado de ella, pero nunca recordé dónde la leí. En Internet hay algunas variaciones sobre ella, pero ninguna me convencía. Hasta el otro día que, releyendo uno de mis clásicos, 1280 almas de Jim Thompson, la encontré.
—Estoy mirando un par de perros que hay ahí fuera —dije—Me han hecho recordar algo que oí una vez. ¿No lo has oído nunca, Buck? ¿O sea, por que los perros andan siempre olisqueándose el culo mutuamente?
Buck dijo que no lo había oído.
—Tampoco puedo decirte que tenga mucho interés en oírlo; lo digo por si piensas contármelo.
Le dije que, bueno, según el cuento, todos los perros del mundo sostuvieron un conciliábulo al principio de los tiempos para establecer una norma de conducta, por ejemplo que no estaría bien que se pegasen bocados en los cojones y cosas así. Y había un perro que tenía un manual de urbanidad que había conseguido no sé dónde, quizá en el mismo sitio donde Caín consiguió a su mujer. De modo que automáticamente se convirtió en presidente y lo primero que hizo fue nombrar comité del culo a todos los reunidos. Compañeros —dijo—, chuchos de la sala. No quiero pisar la pata de ningún perro honorable, de manera que diré lo que sigue. Cuando volvamos a entrar en las habitaciones llenas de humo para organizarnos políticamente, estoy seguro de que no querremos otro olor que el del humo, así que pienso que lo mejor será que amontonemos nuestros ojetes en el exterior; y si alguien quiere presentar una moción al respecto, la secundaré con mucho gusto. Bueno, pareció a todos una idea tan excelente, que todos y cada uno de los perros de la convención se levantaron para presentar la moción, así que el presidente la juzgo aprobada por unanimidad y hubo una breve demora mientras todos los perros salían a amontonar sus ojetes. Luego volvieron a entrar para encarar sus asuntos. Y que me cuelguen si no estalló una tormenta de mil diablos y tan violenta, que se llevó y esparció los ojetes por todas partes, confundiéndolos tanto que ningún perro pudo encontrar el suyo. Por eso siguen todavía hoy olisqueando culos y es probable que sigan haciéndolo hasta el fin de los tiempos. Porque un perro que ha perdido el culo no puede ser feliz, aunque todos los culos se parezcan bastante y el que tiene funcione a la perfección.
—Lo que quiero decirte, Buck —dije—, es que te contentes con tu propio culo y dejes en paz el de Ken. A pesar de todo lo que sabes, puede que él coma algo peor que mierda, y acaso yo también lo haga, y tú serás mucho mas feliz quedándote donde estás.
Ya nos iremos viendo.
No, no me ha ocurrido nada ni me he cansado de este pequeño rincón. Es solo que uno no tiene tiempo para todo y parece que le guste embarcarse en más cosas todavía. Aparte de todas las cosas que tengo pendientes, incluidos los 5 ó 6 discos duros que he de recuperar, ahora he de gestionar el bienestar y crecimiento de unas pequeñas aldeas. Me explico: mi hijo descubrió los juegos para navegador web (el Ogame quizá sea el más conocido) y se abrió unas cuentas en algunos de ellos. Hay uno, el Travian, que parecía bastante sencillo, por lo menos al principio, y la pequeña quiso una cuenta, así que abrí una para ella y otra para mí. El juego consiste en hacer prosperar una pequeña aldea partiendo de un edificio principal y unas tierras donde ir plantando cereal, extraer hierro y obtener madera y barro; con ello se va incrementando el número de habitantes y prospera la aldea. Al mismo tiempo iremos creando un ejército variado con el que defendernos e ir atacando a otras aldeas para así obtener más recursos. Otro aspecto importante es el comercio, ya que también podremos intercambiar materias primas con otras aldeas. En la nuestra iremos construyendo los edificios necesarios para nuestro desarrollo: almacén, granero, escondites, embajada, mercado, cuartel, etc.
La idea no era jugar por jugar. Como todo el que es padre sabe, la edad del pavo de un hijo de 15 años hace bastante difícil la comunicación, la relación y el entendimiento. Encontrar un punto en común es algo raro, así que mi idea fue esa, acercar posiciones con el chaval. Ahora tenemos algo de qué hablar, ya tiene algo que contarme, algo que hacer juntos.
La niña no es problema. Aún es pequeña como para causar problemas adolescentes y, además, de momento, es mucho más abierta y comunicativa. Espero que sea igual de extrovertida cuando esté en la edad del pavo como su hermano.
Y hace unos días descubrimos otro juego similar, el Ikariam, mucho más desarrollado, con más variedad de edificios, tropas y vehículos, en el que prima más el comercio y las relaciones con otros jugadores.
En fin, que no sé cómo no me doy de cabezazos contra una pared, porque mi vida no da para más. Aunque me queda el consuelo de que, cuando vaya a palmarla, nunca podré decir que en mi vida hubo un minuto de aburrimiento en el que no tenía nada que hacer.
Este blog no será abandonado, escribiré más o escribiré menos, pero siempre estará aquí.
Lo siento por mis amigos que se dejan caer por aquí, especialmente los virtuales, a los que nunca olvido aunque no aparezca por sus propios blogs, que sigo leyendo cuando puedo.
¡Ah! Lo del título es por la canción de Peret, que han puesto de actualidad Serrat y Sabina en su última gira.
Nos seguiremos leyendo.
PD: Y, además, mañana me voy de vacaciones de Semana Santa ![]()
Estimado lector,
¡Enhorabuena! Eres uno de los cincuenta ganadores del concurso seelprimeroenlerlo.com y recibirás en exlusiva una semana antes de su puesta a la venta, un ejemplar de Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la Tierra
Agradecemos tu participación y esperamos que nos hagas llegar a la mayor brevedad posible los datos para el envío del libro para que puedas ser uno de los primeros en leerlo.
Atentamente,
Gestión Web
Random House Mondadori
Mañana lo recibiré ![]()
Gracias a Pilar por su atención y amabilidad ![]()
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Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
así… ¡no te querrán!
En el libro del que está extraído esta rima figura que es la XXXVIII, tal y como lo he dejado aquí. Pero en el Centro Virtual Cervantes, en Wikisource o en cualquier otro lugar figura que es la LIII, además de ser ligeramente diferente.

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Ninguna guerra es la última, porque el ser humano es un perfecto canalla. (Arturo Pérez-Reverte)

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