Diarreas mentales de un pendejo electrónico
No tiene nada que ver con que este domingo sea día de los Inocentes. En absoluto. Ni con los niños degollados, ni con las bromas tradicionales hechas al prójimo incauto. El caso es real como la vida misma –la vida española misma, maticemos– y sale en los periódicos: madre condenada a cuarenta y cinco días de cárcel y a un año de alejamiento de su hijo de diez años, porque hace dos, en el curso de una refriega doméstica, le dio una colleja al enano, con tan mala suerte que éste se dio contra el lavabo y sangró por la nariz. Y claro. En este faro ético de Occidente donde moramos, tan salvaje agresión doméstica no podía quedar sin castigo. El hecho de que hayan pasado dos años desde entonces, y de que el menor fuese un poquito gamberro y desobediente, se negara a hacer los deberes y acabara de tirar a su madre una zapatilla, corriendo a encerrarse a continuación en el cuarto de baño, de donde no quería salir, no fue considerado atenuante por la dura Lex sed Lex. Tampoco se tuvo en cuenta que se trataba de un incidente aislado, y no de malos tratos habituales; ni el hecho obvio de que, en un pueblo pequeño como es el de esa familia, una orden de alejamiento supone que uno de los dos, madre o hijo, debe hacer las maletas y largarse del pueblo.
Pero no importa, oigan. Estoy con la juez que entendió el asunto: no hay atenuante que valga. Es más: tengo la certeza moral de que a ustedes, como a mí –siempre de parte de la ley y el orden–, la de esta cruel madre torturadora les parece sentencia justa y ejemplar. Como bien ha argumentado no sé qué asociación de derechos infantiles, «a los niños no se les pega». Y punto. Así de simple. Y menos en estos tiempos, cuando tan fácil es sentarse a dialogar con ellos a cualquier edad y afearles su conducta con argumentos de peso intelectual. A ver qué le habría costado a esa madre pagar a un cerrajero para que abriese la puerta del cuarto de baño y después, mirando muy fijamente a su hijo de diez años a los ojos, decirle: «Hijo mío, ya dijeron Sócrates y San Agustín que a las madres no se les tiran zapatillas. De seguir así, el día de mañana la sociedad te expulsará de su seno. Así que tú mismo. Atente a las consecuencias».
En mi opinión, la Justicia se queda corta. Una madre capaz de perder el control de esa manera brutal e inexplicable debería ser castigada con más contundencia. Y no con una pena mayor, como solicitaba la fiscalía –la juez fue clemente, después de todo, quizá por solidaridad de género y génera–, sino con medidas drásticas e implacables. Porque, so pretexto de no haber antecedentes penales ni constancia de malos tratos anteriores, la madre se ha ido de rositas. Asquerosamente impune, o casi. Y si de mí dependiera, esa delincuente sin escrúpulos ni conciencia habría ingresado inmediatamente en prisión para comerse cinco años de talego, por lo menos. O más. Y cuando saliera –aunque procuraría aplicarle la doctrina Parot para impedirlo–, le calzaría una pulsera con Gepeese y una orden de alejamiento, no del hijo y de su pueblo, sino de España. Al puto exilio. Por perra. Y por supuesto, le retiraría la custodia del niño y se lo daría a alguna familia modélica, como por ejemplo a los Albertos. Para que aprenda.
Pero no hay mal que por bien no venga, oigan. Todo esto me ha dado una idea. De pequeño me sacudieron las mías y las del pulpo; y va siendo hora, creo, de que los culpables de aquel infierno paguen lo que hicieron. Yo también exijo justicia. Mi padre, sin ir más lejos, me dio una vez cuatro bofetadas que hoy le habrían costado, por lo menos, un destierro a Ceuta. Y mi madre, hasta que tuve edad suficiente para inmovilizarla con hábiles llaves de judo, no vean cómo nos puso con la zapatilla, durante años atroces, a mi hermano y a mí. Guapos, nos puso. Por no hablar de los Maristas, donde el hermano Severiano nos torturaba bestialmente dándonos capones en clase, y donde el Poteras –a quien Dios haya perdonado–, cada vez que le pegábamos fuego a una papelera o escribíamos El Poteras es un cabrón en la pizarra, nos aplicaba la intolerable violencia de endiñarnos con el puntero y la chasca sin respeto por nuestros derechos humanos. Como en Guantánamo. Y así ha salido mi generación, perdida. De trauma en trauma. Por eso va siendo hora de que los culpables rindan cuentas a la Justicia. Memoria histórica para el nene y la nena. Barra libre. Así que voy a pedirle al juez Garzón que abra una causa general que los ponga firmes a todos. Que encierre en la cárcel a los que sigan vivos, que alguno queda –tiembla, Severiano–, y desentierre a los otros para escupir sobre sus huesos. A mi padre, por ejemplo, ya no lo pillan. Lástima. Pero mi madre sigue ahí, tan campante. Sus ochenta y cuatro años no tienen por qué ponerla a salvo de su cruel salvajismo de antaño. En esta España, líder moral de Occidente, lo de la zapatilla no puede quedar impune. O sea. Más vale tarde que nunca.
¡¡Chapó!!
Más de 230 muertos a cambio de ninguno. La excusa de Israel para bombardear la Franja de Gaza ha sido que los palestinos lanzaron unos cohetes caseros, los Qassam, contra suelo israelí que no mataron a nadie. 12 israelíes han muerto por causa de estos cohetes en 8 años. 230 muertos lo han pagado ahora, además de los 107 que murieron para vengar la muerte de dos niños en el 2004, los 165 que tuvieron que morir en el 2007 para que un soldado israelí fuera rescatado o los 60 que murieron también en el 2007 para prevenir que pudieran lanzarles algunos cohetes. Ahora han sido 230 personas, pertenecientes a un pueblo que, aparte de que tengan razón o no en los métodos que usan, hace muchos años que están desesperados, sufriendo un exterminio como el que sufrió el pueblo que hoy es el exterminador, encerrados en un reducido terreno que se ha convertido en su prisión, a merced del castigo desmesurado de un pueblo genocida que recoge las tempestades de los vientos que han sembrado.
¿Y qué dice la comunidad internacional? Tranquiliza su conciencia pidiendo el cese de hostilidades y calma por ambas partes, como si los palestinos tuvieran que haber aprendido la lección y la música de las bombas hubiera amansado a las fieras y fueran a dejarse amansar por el domador hebreo que pretende someter a todo un pueblo a su voluntad.
¿Y los americanos? Como siempre, justifican la operación, como si el justo castigo por tirar cuatro petardos que no hacen nada fuera asesinar a 230 personas, y exigen a los palestinos que dejen en paz a los judíos.
La verdad, que hay veces que me asquea pertenecer a la especie humana y compartir género con los dos tipos de seres humanos que cada vez odio más: los abogados y los políticos.
Esto lo escribí ayer para publicarlo aquí. Hoy ha aumentado mucho el número de muertos y los ataques israelíes se han repetido. Lo que más me apena de todo es que esta mañana he escuchado en la radio a unos tertulianos justificando el ataque. No niego que Hamás no usa los métodos correctos, pues el terrorismo y los ataques suicidas jamás lo han sido. Pero no se puede responder a ellos bombardeando poblaciones, usando un método de castigo desproporcionado. En el País Vasco, donde me hallo ahora, hay muchos pueblos partidarios del terrorismo de ETA. ¿Es ello motivo para que vengan los aviones del Ejército español y los bombardee? ¡Qué mundo vamos a legar a nuestros hijos…!
La peor ofensiva israelí en 40 años se salda con la muerte de al menos 289 palestinos
Masacre en Gaza: otra vez Israel se comporta como el matón del barrio
Fechas clave en el conflicto de Oriente Medio desde 1947
…"Es como un cuento perverso en el que los poetas atracan a su pueblo, los cantantes llaman piratas o pendejos electrónicos a los ciudadanos honestos, los músicos cambian sus instrumentos por calculadoras y a los autores les inspira la letra de las leyes y de los reglamentos para aplicar tasas. Una verdadera pesadilla, para salir de la cual basta con abrir los ojos y no dejarse engañar"…


CONSEJOS A CARGO DE UN MÉDICO PORTUGUÉS PRÁCTICO Y SABIO
("Hay que disfrutar de la vida")
1. Los ejercicios cardiovasculares prolongan la vida. ¿Es verdad?
Su corazón fue hecho para latir un determinado número de veces… y basta. No desperdicie esos latidos en ejercicios, porque todo se gasta. Acelerar su corazón no hará que usted viva más; sería como decir que usted prolonga la vida de su coche conduciendo más deprisa y dando acelerones. ¿Quiere vivir más?, pues duerma unas buenas siestas.
2. ¿Debo dejar las carnes rojas y comer más frutas y vegetales?
Haga lo que quiera, pero usted tiene que entender la lógica de la eficiencia. ¿Qué come la vaca?… Alfalfa. ¿Qué es la alfalfa?.. Un vegetal. Pues bien, entonces, un bistec no es nada más que un mecanismo eficiente de poner vegetales en su sistema. Si su organismo, necesita granos o pienso compuesto, coma pollo.
3. ¿Debo reducir el consumo de alcohol?
De ninguna manera. El vino está hecho de fruta. El coñac, por ejemplo, es un vino destilado. Todo esto significa que se saca el agua de la fruta de manera que usted obtiene el mayor provecho de ella. La cerveza también está hecha a base de vegetales. Puede darle.
4. ¿Cuáles son las ventajas de un programa regular de ejercicios?
La filosofía es que, si no le duele, están bien.
5. ¿Son perjudiciales los fritos?
Usted mismo… Hoy en día la comida se fríe con aceite vegetal y, por tanto, queda impregnada en aceite vegetal. ¿Cómo puede ser perjudicial ingerir vegetales?
6. ¿Ayudan las flexiones a reducir la grasa?
Absolutamente, no. Ejercitar un músculo solamente hace que éste aumente de tamaño.
7. ¿Hace daño el chocolate?
Pero, ¡hombre de Dios! No sea tonto. El chocolate es cacao, y el cacao es otro vegetal. Por tanto, el chocolate es una comida buena para ser feliz.
Y acuérdese: la vida no debe ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a ella con un cuerpo atrayente y bien conservado. Es mejor ajustar los pies en los estribos, cerveza en una mano, un buen aperitivo en la otra, mucho sexo, un cuerpo totalmente gastado y usado, y gritar: '¡Valió la pena! ¡Qué viaje!'
POSDATA: SI CAMINAR FUERA SALUDABLE, EL CARTERO SERÍA INMORTAL.
Este texto me lo encontré el otro día en un sitio del que mejor no hablamos. Y como me gustó mucho y no lo conocía, pues aquí está. Imagino que, como todo hoy en día, estará ya a patadas por la red.
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Y me he hecho el ánimo. Ni la más remota intención de parecerme en lo más mínimo en el trabajo que hace caol con su ciudad, pues ni tengo tiempo ni ánimo para buscar tanta información como ella ofrece de cada uno de los rincones que muestra.
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Pero cuando tenga tiempo, que tampoco será el ritmo que lleva ella, también me gustaría mostrar algunos rincones de mi ciudad, Castellón de la Plana, con unos breves comentarios de aquello que conozca del lugar, siempre abierto a correcciones si alguien sabe que estoy equivocado, y algunos enlaces si encuentro. Tanto me ha gustado el modo de ver una ciudad que voy a copiarme la idea, si ella no se opone ![]()
Y voy a empezar con un lugar cercano a mi casa: la Plaza de la Muralla Liberal.
Pues la verdad es que no recuerdo muy bien cómo apareció este trozo de muralla, creo que fue a raíz de las obras para construir algún edificio de viviendas y, dado su valor histórico y cultural, decidieron construir la plaza alrededor de la muralla. La plaza se encuentra situada tras el edificio de la Subdelegación de Gobierno, muy cerca de la Plaza María Agustina, que ya comentaré otro día.
La muralla se construyó durante las Guerras Carlistas por los liberales que apoyaban a Isabel II contra el pretendiente al trono con el nombre de Carlos V. Apenas queda nada de esa muralla y lo poco que queda lo estropean visualmente rodeado de mesas y sillas de los bares cercanos. En una placa junto a ella podemos leer:
En septiembre de 1833 estalla la Primera Guerra Carlista, al conocerse la muerte del rey Fernando VII, fracasados los intentos de los simpatizantes del pretendiente al trono don Carlos de apoderarse de las ciudades más importantes del país.
Para defenderse de las amenazas de las tropas carlistas, al ayuntamiento de Castellón, gobernado por los liberales partidarios de Isabel II, acuerda en enero de 1837 iniciar la construcción de una nueva muralla, sin ningún nexo de unión con la medieval, con muros inclinados de mampostería culminados con almenas y protegidos por fosos, y con baterías en las principales puertas de la ciudad.
Encerrando toda la villa y sus zonas periféricas, el extenso perímetro de la muralla discurría por el oeste de las actuales Rondas Magdalena y Mijares, calle Guitarrista Tárrega, parte baja de la calle Gobernador, calle Sanahuja hasta el portal de San Roque, y de nuevo hasta la Ronda Magdalena.
Terminada la guerra en 1840, la muralla es parcialmente derribada nueve años más tarde, para ser reconstruida y reformada entre 1873 y 1874, a raíz de la Tercera Guerra Carlista.
Las murallas fueron desmoronándose paulatinamente y cegándose su foso, hasta el punto que en la última década del siglo XIX sólo quedaban algunos sectores aislados de la estructura defensiva.
Por resolución de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura de 12 de diciembre de 1994, los restos de las murallas de las guerras carlistas de Castellón de la Plana se inscribieron en el Registro General de Bienes de Interés Cultural con la categoría de monumento.
Los restos que hoy podemos observar integrados en esta plaza corresponden a dos pequeños tramos de la muralla y a la denominada Batería del Gas que aquí se ubicaba. Junto a ellos, y rodeando el laurel que representa el árbol de la libertad, se reproduce la inscripción "TRIOMFÀ DELS ENEMICS DE LA LLIBERTAD", que figuraba en el escudo liberal de la ciudad.
Enlace:
CastillosNet
Álbum de fotos:
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| Plaza de la Muralla Liberal |
-Con su larga caravana de camellos, un mercader llega a una antiquísima y remota ciudad en busca de especias, de telas, de perfumes. A las puertas, no lejos de un torreón de piedra por entre cuyas rendijas entran y salen raros pájaros y zurean palomas mensajeras, allí, junto a esa muralla, una mujer alarga su brazo huesudo hacia el viajero y abre la mano solicitando limosna. El mercader toma de la faltriquera una moneda y la deposita en la palma de la pedigüeña. Pero, ante su sorpresa, la anciana dice:
-Señor, si en verdad queréis socorrerme no es una moneda lo que necesito, sino dos. Sois sin duda un hombre caritativo y bondadoso, a vuestra generosidad apelo, tened a bien darme otra moneda.
Quedó muy extrañado el mercader, se acarició la barba y examinó aquellos ojos tratando de adivinar algo, mas nada halló que le hablase de usura o avaricia. La mendiga continuaba con la mano extendida y la solitaria moneda en ella. Sin mediar palabra, volvió el comerciante a hurgar en su bolsa y, dadivoso, dejó caer no una, sino dos monedas. Pero he aquí que ahora su asombro fue aún mayor, pues la anciana volvió a hablar para decirle: "Gracias, no erré al juzgaros generoso, aunque no es lo que necesito". Esta vez, algo molesto, la inquirió: "¿Qué sucede, mujer, todavía quieres más?". "No, mi señor, al contrario, me sobra una." La perplejidad del caballero crecía como crecen las ubres de la cabra para amamantar a sus crías. ¿Cómo?, ¿de modo que aquella vieja loca que mendigaba a las puertas de la ciudad amurallada primero solicitaba una moneda, luego otra más, y después rechazaba la propina? No lo entendía.
-Señor, debéis saber que una resultaba insuficiente y de tres me sobraba una, pues me basta con dos.
Tales fueron las misteriosas palabras con las que fue devuelta la tercera moneda. Y dicho esto, se alejó sin dar tiempo a que el confundido mercader pudiese obtener mejor explicación. Por un instante tuvo la intención de seguirla, pero se aceleraba ya el crepúsculo, caía rápida la noche sobre la ciudad desconocida y sin más demora debía buscar aposento. La caravana cruzó la gran puerta y adentrose por laberínticas callejuelas mientras el cielo se encendía de estrellas. Durante los días que duró su estancia en aquella ciudad combatida por tormentas de arena no dejó de reinar en lo acaecido. La imagen de la mendiga con el brazo implorante y la mano abierta, y sobre todo, sus palabras, tan enigmáticas, volvían una y otra vez a su memoria. No cesaba de preguntarse: "Por qué no una ni tres?, ¿por qué exactamente dos?".
Cuando ya vasijas y cofres y arcas reventaban de exquisitos perfumes, de especias aromáticas y exóticas, de delicadas telas ricamente bordadas, y con su séquito se disponía a partir, el mercader, al cruzar la puerta que antes fue de entrada y ahora de salida, buscó a la anciana. No tardó en encontrarla.
-Mujer -le instó-, revélame el secreto de las dos monedas.
-Misterio no hay ninguno, señor -respondió con su sonrisa mellada.
-Dime, pues. Te escucho.
-Es sencillo. La primera moneda, para una hogaza. La segunda, para comprar rosas y, en ellas, encontrar un motivo por el que comer el pan, un motivo para no dejarme morir.
[…]No deseaba más mentiras en mi vida, no más engaños. La piel reprimida deviene, antes o después, en pudrición del espíritu. A la represión no iba a sumarle algo todavía peor, algo que fermenta dentro la amargura y es una lepra que va avanzando hasta conseguir apartarte, segregarte: la autorrepresión. Ésa es la victoria de los inquisidores. Su llave maestra para el sometimiento, para la vergüenza, para la infelicidad: autorrepresión. Un mal invisible.
El Jara me escuchaba mordiéndose una uña. Fruncido el ceño.
-Cuántas veces había tenido que disimular ante frases que me herían, me insultaban, cuántas que fingir ante comentarios que me mortificaron. También yo había sido cómplice y culpable. Sobre todo, lo fui contra mí mismo. Siendo un niño, en el pueblo de al lado, sorprendieron a dos hombres juntos, uno era un chaval, un chico muy joven; el otro, un agricultor casado y con hijos. Les raparon, les colgaron del cuello unos carteles escritos con pintura roja: "Semos mariquitas", así, con falta de ortografía incluida, y vejados, seguidos por una nube de niños y zagalones que les tiraban boñigas y los insultaban, fueron paseados por las calles, conducidos a las casas de sus familias, de sus padres, de la mujer y los hijos… No, Damián, no más vergüenza, no más represión, ¿cómo voy a rechazar el cuerpo en el que vivo, cómo no voy a amarlo? No más infelicidad. No más males invisibles. […]

Buscando por Internet me encontré con que es un remedio conocido: INFUSIÓN CONTRA LA TOS
Anónimo africano:
Cuando nazco, soy negro.
Cuando crezco, soy negro.
Cuando tomo el sol, soy negro.
Cuando me asusto, soy negro.
Cuando tengo frío, soy negro.
Cuando enfermo, soy negro.
Y cuando muera, seguiré negro.
En cambio tú, amigo,
cuando naces, eres rosa.
Cuando creces, blanco.
Cuando tomas el sol, te pones rojo.
Cuando tienes frío, azul.
Cuando te asustas, amarillo.
Cuando enfermas, estás verde.
Y cuando mueras, te pondrás gris.
¿Y me llamas a mí "de color"
Y por "Chinos" me refiero a todos los orientales que tanto conocemos, pues es muy difícil distinguir chinos de japoneses o coreanos.
** "Merçi Moscú" fue la despedida que dirigió el del restaurante Casa Pepe a unas francesas después de comer. Es un juego de palabras, ya que "Muchas gracias" en francés es "Merçi beaucoup" (que se pronuncia "Mersí bokú").
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El secreto de la paciencia es hacer algo mientras tanto. (@miabuelasabia)
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