Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Querido hijo:
El día que me veas mayor y ya no sea yo, ten paciencia e intenta entenderme.
Cuando, comiendo, me ensucie, cuando no pueda vestirme, ten paciencia. Recuerda las horas que pasé enseñándotelo.
Si, cuando hablo contigo, repito las mismas cosas mil y una vez, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño, a la hora de dormir, te tuve que explicar mil y una vez el mismo cuento hasta que te durmieras.
No me avergüences cuando no quiera ducharme, no me riñas. Recuerda cuando tenía que perseguirte y las mil excusas que inventaba para que quisieras bañarte.
Cuando veas mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, te pido que me des el tiempo necesario y no me mires con tu sonrisa burlona. Te enseñé a hacer tantas cosas: comer bien, vestirte… y cómo afrontar la vida muchas veces son producto del esfuerzo y la perseverancia de los dos.
Cuando en algún momento pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, dame el tiempo necesario para recordar. Y si no puedo hacerlo no te pongas nervioso, seguramente lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas.
Si alguna vez no quiero comer, no me obligues. Conozco bien cuándo lo necesito y cuándo no.
Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar… dame tu mano amiga de la misma manera en que yo lo hice cuando diste tus primeros pasos.
Y cuando algún día te diga que ya no quiero vivir, que quiero morir, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene nada que ver con tu amor, ni con el mío.
Intenta entender que a mi edad ya no se vive, sino que se sobrevive.
Algún día descubrirás que a pesar de mis errores, siempre quise lo mejor para ti y que intenté preparar el camino que tú debías hacer.
No debes sentirte triste, enfadado o impotente por verme de esta manera. Debes estar a mi lado. Intenta comprenderme y ayúdame como yo lo hice cuando tú empezaste a vivir.
Ahora te toca a ti acompañarme en mi duro caminar. Ayúdame a acabar mi camino con amor y paciencia. Yo te pagaré con una sonrisa, y con el inmenso amor que siempre te he tenido.
Te quiero, hijo.
Tu padre, tu madre, tus abuelos.
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¿Casualidad? Plato que hacen los bribones para que lo coman los tontos. (Victor Hugo)


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97 peticiones. 0.800 segundos
Jueves, 16 de Marzo del año 2006 a las 14:33
Mu bonito si señó y cuanta verdad :’)
Viernes, 17 de Marzo del año 2006 a las 17:28
Precioso, a mas de uno habria que enviarselo
Sábado, 18 de Marzo del año 2006 a las 0:21
Bueno, ahora a no dormir, por tu culpa!
me has hecho pensar en mi padre, y darme cuenta una vez más de que le guardo rencor. No me gusta.
(porque casi todo el tiempo sólo pensaba ‘ah sí, y quien estaba cuando…? ella, no tú)
Sábado, 18 de Marzo del año 2006 a las 21:18
Pues ya lo siento, kiraya, no era mi intención. La verdad es que no está visto desde el punto de vista del hijo, sino del padre, cuando tienes hijos, como es mi caso.
Y si te digo la verdad, entendemos mucho mejor a nuestros padres cuando nos toca ejercer de ello, aunque eso en ningún caso significa que siempre sea así. Cada casa, cada familia es un mundo y cada cual sabe lo que tiene
Lunes, 20 de Marzo del año 2006 a las 18:03
A mí también me ha hecho pensar en mis padres más que en mis hijos.
Me hace cuestionarme la capacidad real que vamos a tener nosotros (nuestra generación) de ocuparnos de nuestros mayores.
¿Vamos a poder dedicarles todas las atenciones que se merecen? Bufff… mejor ni pensar.
Martes, 13 de Junio del año 2006 a las 5:51
Señores:
Muchas veces he pensado, no es que haya aumentado la expectativa de edad, lo que
aumenta es la cantidad de afecciones por querer vivir más de la cuenta. con elç
tiempo nuetros padres, sin quererlo, se vuelven una soberana carga.
Lo irónico es que con el tiempo, nosotros también nos convertimos en otra, con
la diferencia que nos toca padecer por más tiempo.
Domingo, 18 de Junio del año 2006 a las 9:36
Cierto, ése es el ciclo de la vida
Bienvenid@, ARJNUM TOTEMIN.