Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
así… ¡no te querrán!
En el libro del que está extraído esta rima figura que es la XXXVIII, tal y como lo he dejado aquí. Pero en el Centro Virtual Cervantes, en Wikisource o en cualquier otro lugar figura que es la LIII, además de ser ligeramente diferente.

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El joven conoce las reglas; pero el viejo, las excepciones. (Oliver Wendell)
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