Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Están empezando a correr ríos de tinta y a dar la vara en las televisiones con la noticia del siglo: Dos de esos individuos a los que se les llama "maestros" y "matadores" van a devolver sus medallas de las Bellas Artes que les concedió en su día el Ministerio de Cultura, el mismo que trata de perseguir, juzgar y enchironar a cualquiera que se descargue un disco de alguno de los afiliados a la $GA€ (paso de enlazarles, mejor que visitéis a estos). La razón es que le acaban de dar esa misma medalla a quien ellos consideran que no se la merece.
Particularmente, me importa un carajo a quien se la den y si la devuelven o se la meten allá por donde amargan los pepinos. Lo que me avergüenza y me exaspera es que llamen "arte", "bello" y "cultura" a la tortura y muerte de un animal, no importa si lo crian para ello o no, no olvidemos que esa cría es puramente por motivos económicos propios, o sea, para su propio enriquecimiento. Una muerte es una muerte, no importa si es de una persona o de un animal, no hay nada bello en ver morir a un ser vivo, y lo hay menos aún en disfrutar con su contemplación. Parece mentira que a estas alturas de la historia de la Humanidad todavía se siga disfrutando con el dolor ajeno.
Y ahora que venga aquí cualquier defensor de estas barbaridades a ponerme a parir, con esos argumentos tan manidos de la cultura, el arte y la tradición. Pero cuando apoye el acto cruel de una corrida de toros en base a la tradición y la cultura que lo haga también a las tradiciones y cultura de otros países, como son la ablación, el matrimonio infantil, el maltrato a las mujeres o la lapidación, que son otras tradiciones tan antiguas como la suya. Que no la mía.
24 de Septiembre de 2007 | Lucía Etxebarria
Objeción fiscal
Las fiestas taurinas nos cuestan 564 millones de euros al año.
Y eso que el cálculo no incluye ayudas a ganaderos, que nos pondríamos en mil millones de euros.
Es decir, con 47 euros, tirando por lo muy bajo, financia cada familia española la mal llamada fiesta nacional.
Teniendo en cuenta que, según una encuesta de la consultora Gallup, no interesa nada al 72,1% de los españoles. Y teniendo en cuenta que este presupuesto serviría para pagar un empaste dental a nueve millones y medio de niños, o para crear cientos de miles de guarderías, a mí se me ha ocurrido un nuevo sistema de objeción fiscal.
En mi próxima declaración voy a pagar lo que me toca pero descontando, eso sí, 47 euros, cantidad que, supongo, no me supondrá una multa desmedida ni un ingreso en prisión. Y esos 47 euros me los voy a gastar en mi propia corrida, que, les aseguro, no será de toros. Y no doy más detalles que me juego la columna (y, de paso, la reputación, aunque me temo que bastante descalabrada la tenía ya), baste decir que pienso en una botella de champagne del caro y un lubricante de sabor a fresa. ¡Ah! Y en algún amigo antitaurino.
Si el 72% antes citado abonase 47 euros menos de lo que Hacienda reclama quizá el Gobierno se diese por enterado de que por algo decían en las clases de Derecho Político aquello de que el mejor gobierno no es el que hace muy felices a unos cuantos, sino el que tiene contento a la mayoría.
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La felicidad no se produce por grandes golpes de fortuna, que ocurre raras veces, sino por pequeñas ventajas que ocurren todos los días. (B. Franklin)
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