España es un país de tradiciones, algunas de ellas muy arraigadas. Una de ellas es la religión, aunque digan que este es
un estado laico. Mayoritariamente nos casamos, bautizamos a nuestros hijos, les
confirmamos y nos hacemos funerales siguiendo los ritos católicos, apenas sin cambios desde hace tantos años. ¿Y por qué lo hacemos? Por tradición, por costumbre, porque siempre se ha hecho así.
Y siendo un país laico celebramos la
Navidad y no nos acaba de gustar
Papá Noel porque es extranjero, preferimos a nuestros
Reyes Magos, que son nuestros, una figura bíblica.
Aunque estas fiestas quedan muy lejos del fervor religioso (y luego hablamos del fundamentalismo musulmán) de la
Semana Santa, cuando en miles de pueblos
sacamos a pasear por las calles a esos trozos de madera clavados a una cruz o vestidos con riquísimos ropajes representando vírgenes (¿de dónde sacamos tantas vírgenes si se supone que solo había una?), incumpliendo el
mandamiento bíblico desaparecido de los catecismos de
no adorar imágenes. La gente paga y se pega por llevar unos metros sobre sus hombros, incluso hay quien se prepara durante todo el año, a toda clase de santos, vírgenes, cristos y demás fauna religiosa, todo ello en base a unas tradiciones que vamos arrastrando por los tiempos.
La otra tradición, disfrazada de seudo-cultura, es la que se sustenta de estos dos argumentos o excusas: la taurina.
La mal llamada "
fiesta nacional" es una fiesta tradicional y esos son dos de los tristes argumentos de quienes defienden la tortura de unos animales criados para satisfacer el ansia de sangre y mutilación de demasiados salvajes en este país de pandereta, que lo único que hacen es aumentar los abultados bolsillos de unos cuantos ganaderos y de unos cuantos toreros, llamados por sus legiones de seguidores "maestros", "artistas" y, en el colmo de lo absurdo, "matadores". Estos son los modernos gladiadores de hoy en día, salvo que ahora juegan con ventaja. Ya no luchan con otro ser humano en igualdad de condiciones o contra un león hambriento desesperado por llevarse un trozo de carne a la boca, sino que esquivan las embestidas de un animal asustado al que para poder doblegar han de clavar una puya repetidas veces y llenar el lomo de banderillas para que vayan desgarrando al toro y mermar sus fuerzas, porque si no debilitaran al animal no tendrían los cojones suficientes para enfrentarse a él.
Y, a diferencia de lo que piensa mi amiga
kiraya, yo sí creo que tenemos a ese
César. Al igual que los gladiadores evolucionaron para convertirse en toreros el César evolucionó y ahora le llamamos
Majestad. Resulta patético ver a quien los caducos monárquicos llaman nuestro rey, el rey de todos los españoles, o, en su lugar, a su primogénito de futuro asegurado, a diferencia de la mayoría de sus mileuristas súbditos, junto a su cenicienta consorte, agitando el pañuelito en señal de aprobación, en lugar de mostrarnos su regio pulgar, para que mutilen al animal agonizante y le den los trofeos al "maestro", cortados del animal todavía vivo.
Y como ese moderno César no puede estar en todas partes, aunque muchos le halaguen y le traten como si fuera un diosecillo, en las plazas de toros existe la figura del
Presidente, que decide sobre la vida y la muerte del animal o sobre cuantas partes del animal aún agonizante han de mutilar para dárselo a su torturador.
Tradición. Hermosa palabra de hermoso significado, empleada como excusa para perpetuar costumbres que no pueden perpetuarse de otro modo. Hace muchos años existía una tradición, la lucha de
gladiadores en los
anfiteatros, usada para disfrute de los ciudadanos de Roma. También tenían otra tradición, muy popular en aquella época, que era arrojar a los cristianos a los leones. Afortunadamente ya no existen, pero, ¿por qué no las retomamos si fueron tradiciones en su tiempo? ¿Y la
esclavitud? también fue tradicional durante mucho tiempo e incluso hoy en día siguen habiendo formas de esclavitud. ¿Por qué no la retomamos? ¿Y por qué no importamos tradiciones de otros países? La
ablación de clítoris es una tradición vigente hoy en día en algunos países, podíamos traerla a nuestro país, que nos íbamos a divertir mucho.
En fin, que sí, que el ser humano es extraordinario.
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