Diarreas mentales de un pendejo electrónico
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levanta
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimiento de leones,
desfiladeros de águilas
y cordillera de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trbas,
ni quién el rayo detuvo
prisionero en un jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hambre que entre las raíces,
como raíces gallardas,
váis de la vida a la muerte,
váis de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gente de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los torros, de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.Vientos del pueblo me llevan, de Miguel Hernández (1910-1942)
Ayer escuché una parte de este poema en un anuncio de un brandy en una emisora de radio y he de reconocer que no lo conocía. Me interesó mucho porque me invadió un sentimiento de unión de un pueblo donde cada uno es diferente pero todos se aceptan y sienten como uno solo. Y me vino a la mente la falta de ese mismo sentimiento ahora mismo, en estos días que llevamos viviendo de un tiempo a esta parte, en el que cada cual mira su propio ombligo, donde los masacrados son discriminados y el presidente que los representa no es capaz de estar junto a ellos y apoyarles en su demanda de justicia. Claro, ¿cómo les puede mirar a la cara cuando está negociando con sus verdugos?
Y menos mal que estamos en el "principio del fin" de la violencia en Euskadi, tal y como dice nuestro presidente. Claro que Navarra no es Euskadi, aunque algunos no lo quieran así.
Ahora mismo tengo la impresión de que ha vuelto a nuestras vidas aquello de las dos Españas, en este caso víctimas y verdugos, con los que apoyan a unos y a otros, en este caso igualando los derechos de unos y otros, dándoles a los verdugos bombonas de aire para que no se asfixien y crean que tienen derecho a exigir algo, mientras amedrantan y asesinan a los otros, que no se sienten apoyados por quienes les representan.
En mi nombre, tampoco.
Otros enlaces:
Fundación Cultural Miguel Hernández
Antología de poesía hispanoamericana
La obra poética de Miguel Hernández

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Miércoles, 15 de Febrero del año 2006 a las 22:35
Miguel Hernandez tenía que ser.
Tb me había quedado con el texto cuando lo vi en la tele y con esas mismas sensaciones.